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martes, 23 de junio de 2026

Newton/Einstein. Finanzas cuánticas. Zenón sonríe. Platón, también. Ambos por diferentes motivos.

 

A pesar de que el interés que sentía por el fútbol era prácticamente inexistente, el padre de mi amiga Ifigenia tenía como costumbre semanal jugar a las quinielas. De no haber tenido la necesidad de consultar los resultados de los partidos en el periódico para averiguar si había ganado algo de dinero, ni siquiera se hubiera dignado a abrir la página de deportes. En realudad, el padre de mi amiga jugaba a las quinielas por el deseo de comprobar cuanto de verdad contenía aquella hipótesis según la cual “la intuición funciona”. Y ¡hombre! pasaba lo que en España se sabe que pasa siempre: que el burro tocó la flauta y la flauta sonó por casualidad. Esta ley se traduce en ocultismo como sigue: un aspirante a “mentalista”, al que se le pide que nombre las figuras que esconden una serie de cartas a las que previamente se les ha dado la vuelta, supera dicha prueba con innegable éxito tanto en el caso de que sea capaz de “visualizar” todas las cartas, como si no “visualiza” ninguna de ellas.

La explicación a dicha conclusión es que el papel que el azar juega en la realidad permite que cualquier persona “acierte” alguna de las figuras que esconden esas cartas. De modo y manera que “visualizar” todas resulte tan difícil como no "visualizar" alguna.

Dicha ley permite esclarecer las razones por las que el padre de mi amiga Ifigenia no siempre ganaba  y no siempre perdía. El elemento que decidía lo uno o lo otro era el azar.

El azar tiene como hermana gemela la incertidumbre. Si la incertidumbre era la que le incitaba a jugar y el azar el que le ofrecía los resultados.

Las quinielas fueron un pasatiempo divertido hasta que los amigos del padre de mi amiga, todos ellos grandes matemáticos, decidieron que las quinielas eran más que un juego: eran un escenario sometido a la ciencia matemática; y consiguientemente, admitía la construcción de modelos matemáticos que posibilitaran la predicción de los resultados con una precisión matemática.  

El padre de mi amiga Ifigenia no entendía muy bien cómo las matemáticas podían calcular los comportamientos humanos en general, y la de los futbolistas, en particular; sobre todo, teniendo en cuenta, que se trataba de chicos jóvenes y por eso, las hormonas, les jugaban -nunca mejor dicho – malas pasadas.  “De conseguirlo, la primera en alegrarse sería la política”, se dijo. A pesar de tales sensatas consideraciones, como el padre de mi amiga se encontraba en esa fase de la madurez en la que se desea introducir un poco de diversión en su monótona y placentera existencia antes de adentrarse en la vejez, accedió a unirse a ellos.

Aconteció lo que siempre sucede: no siempre ganaron; no siempre perdieron. Lo que diferenciaba este “no siempre ganar, no siempre perder” de aquel otro “no siempre ganar, no siempre perder” al que cada lunes hasta entonces se había enfrentado el padre de mi amiga es que la consecuencia que cada uno de esos “no siempre ganar, no siempre perder” generaba eran completamente distinta la una de la otra.

En el caso del padre de mi amiga, se reducía a lo que era: un juego basado en la incertidumbre y el azar. Pero en el caso del grupo de matemáticos, la consecuencia que se derivaba de los resultados era la satisfacción por la constatación de que el modelo matemático funcionaba, o la aceptación de que había que seguir trabajando en el modelo a fin de perfeccionarlo.

¿Debo decir que aquel grupo de optimistas que dedicaba cada minuto de su tiempo libre a la elaboración de modelos matemáticos que aseguraran un pleno en las quinielas se disolvió sin haber logrado romper la barrera de “no siempre se gana; no siempre se pierde”?

“No siempre se gana, no siempre se pierde” es el axioma que rige cualquier juego, cualquier competición, cualquier casino, cualquier acción humana. Saber esto, ser consciente de la importancia que el conocimiento de este axioma tiene, es lo que separa a un hombre inteligente de un hombre necio. Un hombre inteligente juega y actúa con un límite que él mismo se marca: no más, no menos. Un hombre necio es aquel que destruye los límites pensando que en la siguiente partida va a hacerse tan rico que va a poder incluso hacer frente a las deudas que ha acumulado durante ese juego sin límites. No crean que esto pasa únicamente en el casino. La acción humana está sometida al azar por estar sometida a la incertidumbre. Los límites que un individuo impone a ese azar y a esa incertidumbre le impiden, nadie lo niega, llegar al sol; pero le libran de precipitarse en el abismo del laberinto. Un hombre desea una vida tranquila y sin grandes imprevistos; así que se decanta por un trabajo estable, aunque éste le ofrezca una menor remuneración; es posible que prefiera mantenerse soltero; si finalmente se casa, lo hará después de haber firmado un contrato matrimonial; contratará, igualmente, un gran número de seguros: de enfermedad, seguro contra robos, contra incendios. Un hombre pusilánime adoptará todas las medidas a su alcance para evitar que las travesuras del dúo incertidumbre/azar le afecten. 

Un hombre temerario, por el contrario, se atreve a enfrentarse a cualquier situación porque no analiza ninguna situación como terminada; mucho menos como perdida. El hombre temerario permanece inmerso en una constelación regida por el azar con la convección de que él es más fuerte que el azar.

La justa medida es el hombre que sitúa su acción entre ambos extremos. Es posible, por ejemplo, que un hombre renuncie a un contrato de matrimonio y a un seguro de vida, pero no a uno de enfermedad; que rechace un seguro contra meteoritos, pero no contra incendios. El estudiante estudia sin saber qué preguntas va a recibir en el examen, así que se prepara ese examen lo mejor posible porque esta es la mejor medida que existe para reducir la incertidumbre y el azar. No obstante, si el examen es demasiado duro, cae enfermo, o si el profesor es dado a evaluar en función de simpatías personales y no en función de la exactitud de la respuesta, es muy posible que aquel estudiante decida no presentarse al examen, o renuncie a prepararse el examen y deje toda la incertidumbre en manos del azar. Lo mismo sucede si hablamos de un atleta que se prepara una carrera; algunos, desean controlar tanto el logro de sus esfuerzos que incluso introducen el “doping”, igual que algunos estudiantes copian las respuestas ciertas y otros se hacen trampas a sí mismos incluso cuando juega con las cartas al “solitario”. 

Todas estas actitudes, incluso las que introducen las trampas al viejo estilo de Odiseo, obedecen al deseo imperioso de un hombre que sin ser ni pusilánime ni temerario, pretende vencer a los gemelos “incertidumbre/azar”.

Y sin embargo ¡qué difícil, por no decir imposible, resulta conseguirlo!

Un hombre que también lo intentó fue Newton. La conclusión a la que llegó fue: “Puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente.”

Como suele ser habitual, la primera pregunta que surge es qué significa exactamente la frase de Newton: ¿se refiere a que únicamente la locura no es predecible? ¿o que el comportamiento del hombre, por siempre loco, no es predecible? 

En mi humilde, pero firme, opinión, Newton se refiere justo a lo que escribe: a que el movimiento de los cuerpos materiales puede ser conocido – y predecible- gracias a las matemáticas, mientras que los movimientos de la locura del comportamiento humano, no. 

Y esto por dos motivos: primero, porque la locura contiene un grado superior al de “incertidumbre/azar”, y los elementos que le constituyen son de naturaleza intrínsecamente diferente.  Lo que define a la locura es el tándem “Impredecibilidad/caos”. 

Lo esencial a la locura no es el “a veces se gana, a veces se pierde”, sino la inexistencia de límites. De ahí se genera la imposibilidad de construir “diques de contención” al dúo “incertidumbre/azar”, ya sea con modelos matemáticos o con acciones humanas.

Básicamente considerada, la locura es un estado que se mantiene ajeno a cualquier tipo de ley: a las humanas, tanto como a las matemáticas. Éste es el motivo por el que a lo largo de la historia unas veces se le considera maldición y otras, chispa divina.

La locura es, se mire cómo se mire, caos. Caos incluso en el caso en que, como Chesterton señala en su libro "Ortodoxia", la locura sea capaz de generar mundos cerrados e inexpugnables contra los que un cuerdo lucha inútil e infructuosamente. Cuando muchos locos actúan como uno, nos encontramos ante el fenómeno de la locura colectiva. Ahora bien, la locura no es siempre natural ni congénita. A veces, es provocada desde el exterior: sea por el medio ambiente en el que el sujeto se desarrolla, sea por situaciones concretas que “desbordan” al individuo. Mientras la locura colectiva “natural” se asemeja a una estampida humana comparable a la de un rebaño de gacelas sorprendido por un ataque de leones cuando está paciendo tranquilamente, la locura colectiva “artificial” es, por el contrario, una estampida humana controlada y dirigida por unos cuantos, como método/estrategia de consecución de sus propios intereses, - ya sean estos racionales, pseudo racionales, pseudo desvariados, o absolutamente insanos.

Sea como fuere, Newton acertó a ver que lo perteneciente al mundo material, por material, mecánico, podía ser comprendido y predicho por leyes matemáticas; lo perteneciente al mundo del entendimiento, por inteligible y comprensible, podía, también, ser controlado por las normas del comportamiento; lo perteneciente a la locura, sin embargo, permanecía ajeno a cualquier posibilidad de ordenamiento.

Se dice que Newton pronunció esta frase tras haber perdido parte de su dinero en algún tipo de inversión fracasada. El “se dice” es siempre un ingenuo. Un hombre como Newton estaba acostumbrado a la locura de sus congéneres, tanto como a los caprichos del tiempo atmosférico. Lo que su afirmación constaba la certeza de sus sospechas respecto a la mayoría de los seres humanos, reforzadas, además, por el indudable hecho de que a la locura se unía la estupidez.

Brevemente: Lo que Newton puso de manifiesto con sus palabras es la relevancia que la locura, por muy locura que sea, tiene en la realidad real y en nuestras existencias. A veces incluso mayor de la que desearíamos.

Hete aquí, sin embargo, que conforme el mundo más se adentraba en la técnica, más se incrementaba, igualmente, su afición, la del mundo, a confeccionar modelos matemáticos que permitieran ganar a los jugadores de quinielas, a pesar de ser sabido y consabido de que en el juego había que introducir variables tan irracionales como la de las hormonas de los jugadores - que afectan de manera diferente a cada individuo-, accidentes inesperados, factores emocionales, sin olvidar la corrupción como una variable más a añadir.

Demasiados quebraderos de cabeza para un hombre tranquilo como era el padre de mi amiga Ifigenia. La combinación de “no siempre se gana, no siempre se pierde” había terminado por aburrirle en cualquiera de sus variaciones; se decidió, pues, a abandonar el juego de las quinielas para unirse a las finanzas siguiendo al gran Newton.

Desde este punto de vista considerado, las finanzas no necesitan de grandes capacidades: las cuatro reglas de la aritmética, unos cuantos conocimientos en porcentajes y sobre todo, grandes dotes para la observación de las conductas cotidianas. Para ello nada mejor que darse una vuelta por lugares tan concurridos como son la Plaza del Mercado, la taberna de la ciudad, el teatro donde actúan los comparsas y lugares similares, al tiempo que se entabla conversación con trabajadores de aquí y de allá. Lo que quiero decir es que las finanzas al estilo  "Newtoniano" son tangibles y visibles igual que la física mecánica de Newton: unas pocas leyes bastan para explicar (y comprender) el gran universo.

Con la confianza del que sabe el camino a seguir, las finanzas "a lo Newton" abandonaron el Planeta Tierra y se lanzaron a la conquista de Marte. Los intercambios monetarios aumentaron en tamaño, en extensión y en dinamismo. La creciente complejidad podía ser explicada, comprendida y aplicada en función de las leyes físicas de Newton.

Para desesperación del padre de mi amiga Ifigenia, su entrada en el mundo financiero, - hasta aquel entonces un mundo newtoniano, regido por leyes que explicaban y predecían la trayectoria de los cuerpos celestiales, - coincidió con la decisión del mundo financiero de pasar a ser regido por la física cuántica de Einstein.

Ello determinaba un cambio total y absoluto en la naturaleza del mundo de las finanzas que, muy pocos, salvo quizás los interesados, supieron entender.  La consecuencia inmediata fue el destierro de Newton. El universo newtoniano y sus leyes habían dejado de ser interesantes para las finanzas. Que por aquel entonces empezaran a hacer aparición una serie de biografías tendentes a desprestigiar al gran científico inglés provocó en mi alma mosquetera grandes reacciones airadas. Compréndanme: yo he tenido dos grandes amores: el uno ha sido Aristóteles; el otro, Newton. Leer insensateces sobre hombres tan inteligibles para mi cerebro y mi alma, atormenta a mi cerebro, tanto como a mi alma y a mi corazón.

En cualquier caso, el padre de mi amiga Ifigenia desistió de las quinielas, desistió de las finanzas y pasó el resto de su vida resolviendo crucigramas y juegos de lógica.

Sin embargo, para una persona con un carácter mosquetero y nómada, la cuestión de la física cuántica en finanzas representa una nueva aventura en la que adentrarse.

Y bien: intentaré comunicarles los resultados a los que he llegado.

El primero es sabido y conocido por todos ustedes: la imposibilidad de armonizar el mundo grande e inmenso del universo mecánico de Newton con el mundo pequeño e ínfimo del universo cuántico de Einstein. 

El universo de Newton posee la belleza de la música de las esferas celestiales, la armonía de la orquesta que es capaz de combinar diferentes instrumentos y ritmos para producir sonidos siderales y divinos. 

El universo de Einstein, en cambio, es el zumbido insoportable de una mosca incapaz de permanecer quieta. Que Dios juegue o no juegue a los dados resulta irrelevante. Una mosca es una mosca. Cuando en ese universo no hay una, sino varias moscas zumbando, las posibilidades de alcanzar un segundo de tranquilidad son prácticamente inexistente.

Veamos si puedo explicarlo adecuadamente.

La física cuántica es una física basada en dos temas principales: la combinatoria, y el estudio de partículas muy pequeñas. Tan pequeñas que no son visibles a la vista humana; ni tan siquiera a los mejores microscopios. No obstante, se sabe de su existencia porque sus efectos se hacen notar. Esto último es de absoluta importancia. El hombre dispone de cinco sentidos; si no puede apreciarlo por la vista, puede apreciarlo por otras maneras. Fundamental a que la física cuántica sea física es, no obstante, que aquello sobre lo que se centra sea “tangible”. “Tangible”, en el mundo cuántico, no ha de ser necesariamente sinónimo de “susceptible de ser tocado” y tampoco “susceptible de ser visto”; basta con que las consecuencias de su existencia sean observables. Es decir: se sabe que hay fuego, porque observamos el humo. El efecto determina la existencia de una causa. Esto, sin embargo, que a primera vista parece sumamente obvio no lo es tanto. Imaginen ustedes que ven a un hombre con un cuchillo lleno de sangre arrodillado ante otro hombre que se desangra. La mayoría de nosotros concluye ante esa escena que, puesto que el efecto es un hombre desangrándose por apuñalamiento, el hombre arrodillado, que tiene el cuchillo con sangre en la mano es la causa. El corte que presenta el hombre desangrado está causado por ese tipo de cuchillo. Imaginen ustedes además que se realizan las pruebas de sangre pertinentes y que el resultado muestra que la sangre de ese cuchillo pertenece, en efecto, al mismo grupo sanguíneo que la sangre del hombre desangrado. La detención y condena del hombre arrodillado parece justa y adecuada. Sin embargo, no lo es.

El hombre arrodillado había cogido un cuchillo para despedazar un gran trozo de carne que había comprado y congelado. Su intención era preparar junto con su pareja, el hombre que se desangraba, una barbacoa para sus amigos. Había sido una decisión espontánea y todavía no habían sido cursadas todas las invitaciones. El trozo de carne estaba descongelado en el sótano. Allí era donde se disponía a cortarlo cuando, de repente, escuchó voces en la planta superior. Subió corriendo a ver qué sucedía. Descubrió al hombre al que amaba tirado en el suelo, desangrándose; debido a la impresión de la escena, el cuchillo cayó de sus manos que se empapó de sangre. Lo recogió por automatismo. En aquel momento, alertada por algún vecino, se presentó la policía.

Se descubrió que el autor había sido un amigo de ambos, con el que dos semanas antes habían realizado una de esas excursiones a los grandes centros comerciales. Allí, en un alarde de amistad y de empatía, adquirieron iguales enseres, entre los que se contaban un par de cuchillos. Las razones por la que atacó a su amigo son oscuras: dinero, envidia, locura transitoria. Las verdaderas razones no se sabrán nunca porque el verdadero atacante murió en un accidente de tráfico, mientras huía del lugar de los hechos. En la autopsia se hallaron rastros de alguna sustancia tóxica; el arma del delito, sin embargo, no se encontró.

Pese a tantas incógnitas, el hombre arrodillado fue puesto en libertad: su pareja, una vez se hubo recuperado, testificó a su favor; se encontró, en efecto, un gran trozo de carne casi descongelado en el sótano. Éste “casi” genera dudas a algunos policías. ¿Realmente es inocente? ¿Es posible que sacara el trozo de carne del congelador después de haber agredido a su pareja como prueba exculpatoria y no antes? ¿Puede ser que se hubiera producido un forcejeo entre ambos, pero que, una vez recuperado, su amante pareja hubiera decidido perdonarle? ¿Había suministrado algún tipo de sustancia al amigo, antes de que éste sufriera el accidente para deshacerse de un testigo presencial? ¿Por qué no encontró la policía el cuchillo en el coche? ¿Dónde se deshizo de él? 

Esta pequeña historia sirve, creo yo, para que ustedes comprendan lo realmente difícil que resulta determinar la relación entre efecto y causa.

El mismo problema, justamente, al que la física cuántica se enfrenta cuando ha de establecer qué causa real genera los efectos observados.

Tradicionalmente, los temas monetarios han sido bastante tangibles y contables. Las primeras finanzas, más desligadas del concepto de dinero clásico, determinaron el nacimiento de lo que se ha dado en llamar en “capitalismo”, donde el término “capitalismo”, aunque la acepción la recuerde, no tiene que ver con el capital contante y sonante clásico. No obstante ese capitalismo, aunque haya alcanzado la órbita de Marte, sigue ligado a la Física newtoniana.

Pero cuando la relación causa/efecto no se puede ni estudiar, ni precisar, sino que es una cuestión de combinaciones llega un instante en que, en una de esas posibles combinaciones, la física se convierte en meta-física.

Por tal motivo, en el momento en que las finanzas capitalistas introdujeron la física cuántica transformada en metafísica, aunque se tratara de una metafísica materialista, se produjo la revolución.

Metafísica es lo que, en estos momentos, se lleva a cabo en grandes áreas de la física cuántica. ¡Oh, no me malinterpreten! Como acabo de decirles, soy consciente de que se ha convertido en una Metafísica materialista. El apellido “materialista” no la libera, empero, de su condición de “Metafísica”.

Por si esto no fuera suficiente, en ese física cuántica no sólo actúan las leyes físicas de Einstein, y la metafísica, sino también la filosofía hermética e incluso la teosofía de Helena Blavatsky.

Aquí es donde la situación se complica y donde dos tríadas opuestas hacen su aparición.

La primera tríada es la compuesta por Aristóteles, Newton y Kant.

La segunda tríada es la formada por Platón, Leibniz y Hegel.

¡Realmente emocionante! ¿No creen ustedes?

La primera tríada, - Aristóteles/Newton/Kant- es Dédalo, es la alquimia, es la mesura y es la tangibilidad tangible.

La segunda tríada, - Platón/Leibniz/Hegel-, en cambio, es Ícaro, es la filosofía hermética, es la teosofía de Helena Blavatsky, es el Todo en el Uno y el Uno en el Todo. Es la realidad real y verdadera que o bien está fuera de la realidad del mundo tangible, que o bien se encuentra en nosotros mismos sin que pueda ser comunicada, o bien se ha transformado en un sorprendente sistema cerrado en el que, sorpresas de sorpresas, la varita mágica de la dialéctica hace posible el desarrollo de la libertad y de la Razón. 

Esta tríada deja atrás el mundo binario de Incertidumbre/Azar al que, cualquier universo newton ha de hacer frente ya sea llamándole “accidente” o “milagro” y se introduce, de la mano de la combinatoria, en el del Caos/Locura.

La relación “causa/efecto” newtoniana se traduce en leyes que determinan que cualquier efecto que se produzca tiene una causa. La relación “causa/efecto” cuántica, en cambio, se basa en que incluso en el supuesto de que no se produzca un efecto, cabe la posibilidad, en función de la matemática combinatoria, de que se produzca un determinado efecto. Puesto que combinatoriamente considerado el efecto puede producirse, hemos de provocar las causas necesarias para provocarlo o, al menos, considerar que su posible existencia puede convertirse en una existencia real.

Curiosamente, aquellos para quienes los juegos matemáticos sólo resultan interesantes cuando éstos les aportan grandes beneficios no dudan en apoyarse en las medidas más ínfimas que existen, tales como el “nanosegundo”, por ejemplo, si con ello consiguen incrementar sus finanzas. Llega un instante en que la materia decrece tanto que aparece, por fuerza ha de aparecer, ése conocido “crea mundos con tu mente”, del que tanto se abusa. Tanta mente ante una materia desaparecida en la dimensión “nano” causa en muchos, ya lo he explicado en algún artículo, la falsa impresión de que el mundo se desmaterializa, cuando justo lo contrario es lo que sucede.

Hegel hace posible la existencia de circuitos cerrados y libres donde rige la Razón. Trasladen esto al mundo newtoniano. Allí se producirá un cortocircuito del que el mundo de las mónadas leibnizianas está a salvo. Díganme: ¿Qué cortocircuito puede producirse en un esquema que transforma el mundo platónico e invierte el mundo materialista y atómico de Demócrito? En Leibniz el mundo platónico aparece constituido por atómos espirituales a los que el autor alemán denomina “mónadas”. ¡Imaginen que gran noticia! Las mónadas, a pesar de caracterizarse por ser autárquicas, estar en continuo movimiento por su natural apetito y percibir con más claridad unas veces que otras, albergan en sí la armonía preestablecida que las capacita para coordinar dichos movimientos libres a fin de evitar colisiones.

Para las finanzas basadas en los modelos cuánticos, la tríada Platón/Leibniz/Hegel viene a ser una plataforma de ideas mentales y espirituales de tal magnitud, que espolvorear un par de ideas de Einstein consiguen que el mundo de la tangibilidad tangible de Aristóteles/Newton/Kant se tambalee sin remedio.

Ello conlleva en la práctica graves y serias consecuencias. Aunque a la destrucción le siguiera el “reset”, se trataría de un universo ideal, en el que -pese a la falta de materialidad–, la armonía preestablecida introduce un determinismo al hecho de ser libre, puesto que, siendo libre, espiritualmente libre, dicha armonía preestablecida impide a una mónada colisionar con otra mónada. La armonía preestablecida cumple en Leibniz el mismo papel que la dialéctica en Hegel. La dialéctica/ armonía preestablecida es lo que compatibiliza en un sistema cerrado libertad y Razón.

De un universo así nos interesa destacar dos puntos.

El primero es ése al que se refiere Focault, el último de los iniciados, aunque sin maestro: el individuo que se sitúa fuera del cuadro para observarlo. En efecto, sólo desde fuera puede comprenderse un circuito cerrado en su totalidad. Cuando uno se encuentra dentro del cuadro, su perspectiva depende de su posición en el cuadro. El observador puede, desde el exterior, decidir si se concentra en el cuadro como totalidad o dirige su atención a un aspecto concreto de los que allí aparece. 

Por el contrario, el hombre que permanece dentro del cuadro, puede considerarse como un preso vigilado dentro del Panóptico. Aunque, ciertamente, también es posible que se sienta libre; quizás el pequeño espacio en el que su existencia se desarrolla le ofrece todo lo que su espíritu necesita para sentirse libre; tal vez su mente le permite crear otros mundos paralelos y distintos a aquél en el que su existencia se encuentra, e incluso hacerlos realidad en la medida en que les da una consistencia lingüística y transforma la ficción en realidad. La perseverancia (a la que con tanta insistencia se apela hoy en día en los foros de las finanzas cuánticas)  puede incluso permitirle convertirse en el observador que observa el cuadro que su mente ha creado. 

El segundo punto que nos interesa remarcar es que en dichos circuitos cerrados se puede hablar de fuerzas, del sentido de la historia, de la creatividad, del Arte y incluso de espíritu. De lo único que no se puede hablar es de materia. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que, sorprendentemente, todos esos circuitos cerrados son circuitos "ideales", en los que la materia ha de quedar reducida a cantidades ínfimas, a fin de que la "Idea" posea el espacio suficiente y necesario para poder desarrollarse, expandirse, al máximo.

Esto lleva a creer a muchos que la materia se ha espiritualizado.

La realidad real es que justo todo lo contrario sucede en dichos circuitos cerrados: el espíritu se hace tan pesado que se materializa y al materializarse, el espíritu, que lucha por seguir siendo espíritu, se convierte en mente. 

En efecto: el espíritu al que una y otra vez hacen referencias tales circuitos es una mente ascendida a espíritu. 

Ello explica por qué en tales circuitos cerrados la libertad termina convirtiéndose en revolución, el Arte en marketing y la belleza es una belleza de tipo romántica centrada en la deformación de la historia, de la naturaleza y del amor para convertirlas en ideales.

 ¿No es esto lo que el hombre ansía? ¿Regresar al mundo de las ideas?

Sí. No me cabe duda de que cualquier hombre pretende volver al mundo de las ideas, pero cualquier hombre, cualquier Dédalo, sabe que ningún mortal puede llegar al mundo de las Ideas siendo hombre; igual que cualquier Dédalo sabe que ningún hombre puede desprenderse de la materia de que está hecho y seguir llamándose hombre. Se empeñe quien se empeñe.

Todos aquellos que creen que en un sistema cerrado, con o sin armonía preestablecida, con o sin Razón, la apelación sin más de la libertad, su simple invocación nominal, puede convertir en realidad real los ideales, que alcanzar esos ideales resulta posible porque el simple acto de proferirlos en expresión lingüística les otorga la materialidad que el mundo de los hombres requiere, terminan precipitándose al vacío, igual que Ícaro, pero, curiosamente,  no por acercarse demasiado al sol, que es lo que le sucedió a Ícaro, sino porque en tales sistemas cerrados aquellos que se elevan creyendo que la libertad alcanza sus ideales terminan por estamparse contra el techo que cierra el sistema, igual que se estampa el mosquito contra el parabrisas del coche.

No me cabe duda: cada uno de esos sistemas cerrados están en permanente movimiento; movimiento, además, muy rápido; en aceleraciòn constante. 

No obstsnte: Aun en el supuesto caso de que las colisiones fueran imposibles en el exterior, no lo son el interior. La rapidez con la que esos sistemas cerrados, leibnizianos o hegelianos, se mueven en su interior marean a cualquier individuo, a cualquier apetito natural. Eso en el caso de que, como ya hemos dicho, no lo estampen contra el techo mientras el sistema se encuentra en plena vorágine.

La estructura final de los circuitos cerrados resulta siempre muy parecida.

Platón convierte su República en un totalitarismo intelectual sin plataforma emocional: ni padres, ni música. El de Hegel es un sistema cerrado en el que la libertad es de naturaleza romántica a la que es necesario concederle el apellido de “Razón” para que la libertad no descubra que está encadenada, y que, por encadenada, se ha vuelto loca. De esa locura parten los totalitarismos más fieros. El término “Razón” ofrece a esa libertad encadenada, y por encadenada, sumida en desvaríos, el alibí necesario para exculparse. La culpable será la Razón. Pero, curiosamente no a la razón hegeliana, que por libre, queda libre! (Perdonen mi sentido del humor); sino la razón instrumental, porque esa, como sirve a cualquiera, puede ser siempre inculpada.

Como a cualquiera sirve, se recuerda que la razón instrumental ha servido a los ilustrados, olvidando que esa razón instrumental ha servido, mucho más servilmente incluso, a la Razón de la libertad romántica y a libertad de la Razón hegeliana. 

Dicho "olvido" de la realidad real, esa falta de análisis honesto, es el que permite a la historia, encadenada como está, en las mazmorras del Romanticismo, condenar a los ilustrados, a Kant y a sus amigos Newton y Aristóteles, mientras que concede al sistema de Hegel, padre de tantos totalitarismos, el agradecimiento y reconocimiento necesario. 

Leibniz suele ser olvidado. Ciertamente, el optimismo mental de su filosofía le ha convertido en “trend topic”. Su error, sin embargo, radica en que descubre demasiados puntos al "enemigo". De hecho, es Leibniz quien ha hecho posible que yo pudiera escribir gran parte de este artículo.

Volviendo a la cuestión del espíritu, se impone recordar la diferencia entre mundo espiritual y mundo mental.

El mundo espiritual exige la libertad tanto como la concesión de la “gracia” para que dicha libertad tome la adecuada dirección y se dirija hacia el mundo espiritual ascendente y no hacia el mundo espiritual descendente.

El mundo mental es básicamente un mundo material, no un mundo espiritual. Por eso es posible que los científicos indaguen en la mente en tanto que órgano, pero no en el espíritu individual. Esta es la pared contra la que una y otra vez chocan los psiquiatras y psicólogos.

 Por encontrarse en mundos cuánticos, unos y otros están convencidos de que tarde o temprano lograrán atravesarla y descubrir el espíritu al que muchos llaman “conciencia”. La mayoría de los físicos cuánticos que conozco, que se han ocupado del tema de la conciencia han terminado por aterrizar en inteligencia artificial. Lo cual, fuerza es reconocerlo, da cuenta de la gran inteligencia y sensatez que les caracteriza.

Del mismo modo, justo es aceptar que en los ámbitos financieros los circuitos cerrados determinados por la triada Platón/Leibniz/Hegel y aderezados con la física de Einstein han proporcionado, al menos hasta este instante, sustanciales ganancias.

Para conseguirlo, las finanzas se han basado en modelos matemáticos. Dichos modelos se construyen considerando las variables existentes, así como las relaciones entre ellas. Puesto que se trata de circuitos cerrados, las variables, aunque sean muy numerosas, son limitadas. Esto determina que las relaciones entre dichas variables puedan ser predecibles, al menos hasta cierto punto. Ya hemos visto que las mónadas de Leibniz en su interior tienen un “apetito natural” por el que unas veces ven más claro que otras. Este “movimiento” interior de la percepción determina, sin duda, la trayectoria de su movimiento exterior.

Es evidente que cuanto más variables existan en esos circuitos cerrados, más se complica la posibilidad de predecir su comportamiento, mucho más, además, si esas variables están en constante movimiento.  Da igual que se rijan por la dinámica leibniziana o por por la dialéctica: Se exige la elaboración de modelos cada vez más complicados. 

La física cuántica es la única capaz de elaborar dichos modelos matemáticos.

En un panorama así el estudio del azar es posible hasta un cierto punto. Después resulta imposible. 

Por otra parte, los sistemas cerrados pueden infectarse o de “virus”, pueden aparecer fallos internos inexplicables, (de ahí la importancia en nuestros días "cuánticos" de la "higiene" y de "la salud mental") y pueden hasta sufrir alteraciones y mutaciones,  por más que éstas se superen a través de la “síntesis”. 

Por otra parte si la síntesis tarda mucho tiempo en alcanzarse es posible que se produzca la destrucción del circuito cerrado. Para evitarlo se crean constructos artificiales que cumplen la "función" de síntesis, aunque no lo sean: los llamados "compromisos" que son, en realidad "malabarismos".

Dadas las dificultades enumeradas ¿por qué las finanzas han elegido la filosofía de la triada Platón/Leibniz/Hegel y las matemáticas cuánticas?

Por la misma razón por la que Leibniz tomó prestado de Demócrito el concepto de átomo, como ente material y lo transformó en “mónada”, de constitución espiritual: Porque el socarrón Zenón saluda alegremente, avisando de que el movimiento es falso.

Como ya les he dicho en alguno de mis anteriores artículos, lo que los estudiantes de filosofía suelen aprender es que gracias a Newton se resuelve la aporía de Zenón acerca del movimiento. Es posible incluso que aprendan que ambos, Newton y Leibniz se atribuyen el descubrimiento del cálculo infinitesimal. A partir de ahí, los estudiantes de filosofía pasan a otro tema, a otro autor y no se preocupan más de cuestiones que pasaron siglos atrás.

La cuestión, sin embargo, sigue siendo una de suma actualidad.

Entre otras cosas porque lo que ha de preocuparnos a la hora de enfrentar a Newton y a Leibniz no es tanto determinar quién descubrió el cálculo infinitesimal porque no se tarda mucho en concluir que fue el gran Newton, sino la repercusión que tuvo el descubrimiento del cálculo infinitesimal en uno y otro. Es aquí donde la cuestión se torna sumamente interesante.

La construcción que suele utilizarse o, al menos, la que le llega a la mente del estudiante de filosofía es la siguiente: Newton descubre el cálculo infinitesimal; con ello Newton resuelve la aporía de Zenón.

La conclusión a la que llega el estudiante es la siguiente: Newton logra resolver la aporía de Zenón y demostrar que Zenón se equivoca.

FALSO.

Lo cierto es que Newton logra resolver la aporía de Zenón y demostrar que Zenón tiene razón.

Es justamente este motivo lo que obliga a Leibniz a convertir a sus mónadas en “átomos espirituales” que, a decir verdad, es una especie de intento de  “transportación” de la piedra filosofal al mundo cuántico. Ello supondría conciliar mundo newtoniano y mundo cuántico. Se trata de un imposible. Pero esto es otra historia…

La primera intención de Leibniz era evitar a Zenón y la confirmación de sus teorías gracias al descubrimiento del cálculo infinitesimal.

Quizás el bueno de Leibniz hubiera podido conseguirlo de no haber estado empeñado en tomar como base la noción de “átomo”, de Demócrito.

Porque es aquí, justamente aquí, donde empieza el Reino del que Zenón habla: el Reino del No-Ser que, negando el Ser, es; el reino del No-movimiento que, negando el movimiento, es. Es de este mundo, del mundo del vampiro, del que Zenón habla.

Comprendan: Zenón es un iniciado. Es Aristóteles, creo que en la Metafísica, donde lo deja caer. Al menos Aristóteles es el que me llevó a intuirlo, por más que se notara  en sus palabras un sutil, por más que elegante, desprecio hacia todos ellos. Zenón es un iniciado, igual que lo es Heráclito, igual que lo son otros tantos. Es posible que la filosofía se hubiera desligado del mito para dar cuenta de la composición del mundo material y mental, pero, desde luego, lo que de ningún modo había hecho la filosofía era desligarse del mundo espiritual, ya fuera la dirección hacia arriba, como hacia abajo.

Demócrito se sitúa en el mundo atómico y material. Las aporías de Zenon el iniciado demuestran que ese mundo atómico y material es un “diablo que se muerde la cola”, es una caída a un agujero sin fondo…; En suma: lo que Zenón afirma y muestra, sin nombrarlo, es que ese mundo atómico y únicamente material abre las puertas del reino del No-Movimiento, del No-Ser; abre las puertas del inframundo, del reino del vampiro, que alberga a todo aquello que es una negación de lo que es, y lo traspasa.

(NOTA: 

Lo sé. Lo sabemos todos: Ciertamente Demócrito es posterior a Zenon.  

NO OBSTANTE:

Prueba de que existe una relación entre Zenon y Democrito la encontramos en la obra sobre los Presocráticos de Kirk y Raven: "La opinión general concuerda en que Leucipo desarrolló su teoría de los átomos en respuesta al elenco de los eléatas: así piensa Aristóteles. Fuentes tardías los hicieron incluso un eléata y, según Diogénes Laercio, ix 30 (DK 67 A 1), fue discípulo de Zenon. No tenemos por qué creer esta afirmación, ya que no la sugiere Aristóteles y pertenece a la clase de noticias que pudieran haber sido urdidas por Soción o cualquier otro escritor de sucesiones."  ("Los filósofos presocráticos. G.S. Kirk y J.E. Raven. Pg.558. Ed. Gredos.3ª Reimpresión, octubre 1981.ISBN 84-249-2169-0)

Pese a la gran calidad de la obra de estos autores, llegados a este punto me veo en la obligación de llevarles la contraria a lo que aquí afirman por dos motivos. Exhortar al lector a ignorar las palabras de Diógenes Laercio basándose únicamente en que Aristóteles no lo sugiere, (especialmente teniendo en cuenta que lo que a mí me sugiere Aristóteles es que nos encontramos ante "iniciados" y no "verdaderos filósofos") implica recurrir a Aristóteles como fuente de autoridad para negar la relación de maestro alumno entre Zenon y Demócrito. Esto me me parece tan infundado como precipitado; especialmente cuando de todos es sabido que Aristóteles nunca fue un auténtico iniciado, sino un hombre enormemente erudito e intelugente. 

El segundo es que para invalidar el testimonio de Diógenes Laercio, que sí admite esta relación, los autores han de acudir a una conjetura en conjuntivo: la de que "pudiera haber sido" a lo que sigue la atribución de una sospecha: "urdida por".

Estamos hablando de iniciados. Ésta es, al menos, la impresión que se tiene cuando uno lee la Metafísica de Aristóteles: la de que Aristóteles considera que los eleatas son iniciados, más que filósofos. De ahí, quizás, ese cierto olor a desprecio hacia ellos del que ya he hablado anteriormente. Los iniciados poseen un saber antiguo. Al escribir sus textos tienen ese saber ancestral en mente aunque sea sin nombrarlo, porque dejan la tarea de su revelación a los que llegarán después que ellos. (Como San Juan Bautista dice de él respecto a Jesús.) La revelación de dicho Saber ha de hacerse cuidadosamente. Primero hay que preparar el terreno y esperar a que éste se encuentre capaz de recibir nuevos conocimientos.

Parménides es otro de los iniciados. Su afirmación de que "Todo es" va más allá de la diferencia "potencia/acto" de Aristóteles. La tesis de Parmenides se refiere justamente a que tanto el camino del Ser (al que Heráclito se refiere), como el terreno del No-Ser (cuántico), son. En esa esencia del Ser es donde reposa su unidad. El deseo de Parménides, como el de Leibniz, como el de los físicos actuales consiste básicamente en compatibilizar el mundo heraclíteo con el de Zenon; el mundo de Newton con el de Einstein)

Es decir: para Parménides lo crucial reside en el hecho de que el mundo del No-ser, cuántico, de probables combinaciones y de divisiones infinitesimalmente infinitas, está dentro del mundo del Ser. 

La eternidad y lo infinito, ambos reinos "Son". 

Repito: Pármenides pretende encontrar lo mismo que todavía hoy se busca: la unión entre el mundo físico descrito por la física de Newton y el mundo físico descrito por la física de Einstein. EL PROBLEMA QUE INTRODUCE PARMÉNIDES es la de definir TODO como un único UNO: el SER.

Dos son las consecuencias que ello genera.

En primer lugar el Ser como Todo queda encerrado en un circuito cerrado, del que nada puede salir y en el que nadie puede entrar.

En segundo lugar, al unificar a todos los tipos de Ser en un único Ser, iguala y fusiona a todos los tipos del Ser, lo que implica destruir los límites. Con ello Parménides desvirtúa los límites, los anula, y permite la introducción de la locura del No-Ser, que es en el ámbito del Ser )

Hecha esta aclaración volvemos al caso que nos ocupa:

¿Han visto el cuadro de Magritte titulado “esto no es una pipa”, mientras muestra una pipa?

Negar la existencia de una cosa no significa que esa cosa no exista. Esta es la primera explicación que siempre se ofrece.

Pero hay otra: Que la negación del Ser tiene una entidad propia. Por eso la negación del movimiento tiene a partir de un momento una entidad propia; igual que la negación del Ser tiene su propio reino.

Esto es algo que Newton versado en Física y muy interesado en alquimia, siempre unida a la filosofía hermética, descubre junto con el cálculo infinitesimal. Newton comprende las implicaciones y las consecuencias que su descubrimiento del cálculo infinitesimal tiene y decide mantenerse en los espacios siderales de la grandeza astral y en los modelos matemáticos de la tangibilidad tangible.

¿Por qué? Porque todo ello pertenece al Reino del Ser y del Movimiento Aristotélico; porque allí la teleología tiene una dirección y un fin. Lejos de representar la caída en un pozo sin fondo, posibilita llegar a Dios (o al infierno), pero llegar. De lo que salva la física newtoniana es justamente del mundo que Zenón señala.

Leibniz es también consciente de que Zenón tiene razón, pero, al contrario que Newton, cree que transformando el átomo material en átomo espiritual, llamádolo “mónada”, arregla el asunto.

Lejos de arreglarlo, Leibniz ha enredado el asunto.

Veamos:

Lo que pretende Zenón en realidad es llevarle la contraria al otro gran iniciado: Heráclito.

Heráclito sostiene que el camino es uno y el mismo arriba y abajo.

El alumno ha de comprender que el camino es el mismo; la dirección, no.

Zenón señala a Heráclito que no sólo la dirección sino la estructura misma del camino es distinta. Zenón indica a Heráclito que el estudio de la dirección (incluso la posición) arriba/abajo, sólo tienen sentido en tamaños grandes, no en dimensiones imperceptibles.

La aporía de Zenón obliga a reflexionar acerca de lo que se presenta cuando nuestra dirección se dirige hacia lo más pequeño infinitamente.

El primer obstáculo para comprender, reflexionar siquiera, sobre este asunto, es el modo en que se presentan a Heráclito y a Zenón en los estudios de Filosofía: como a dos grandes antagonistas porque, se explica, uno afirma el movimiento y el otro lo niega. 

El interés por el movimiento es una constante en la Antigüedad.  El movimiento más pleno se afirma en circuitos abiertos, en dirección ascendente y trascendente.

En principio, pues, es pisible negar el movimiento al descomponerlo en unidades cada vez más pequeñas, no cuando las unidades se hacen más grandes 

Esto se resume concluyendo que Zenon niega el movimiento.

ESTA ARGUMENTACIÓN ES FALSA.

AL MENOS, NO COMPLETAMENTE CIERTA.

Zenón no niega el movimiento puesto que las líneas se pueden dividir, al menos hasta un punto y esa división ya puede considerarse "un movimiento".

En dirección hacia abajo, en dirección decreciente, el movimiento se convierte en un movimiento sin fin.

En mi opinión, lo que Zenón afirma es que llega un momento en que ese "movimiento" infinito e interminable hacia abajo termina  por cambiar y transformar el camino mismo, hasta que llega un instante (y con ello se introduce el concepto tiempo) en que el movimiento se convierte en un No-Movimiento, igual que el Ser se transforma en un No-Ser. (Igual que el tiempo aparece como No-Tiempo)

Zenón es el iniciado peor comprendido de toda la historia, creo yo. 

Ese No-Movimiento al que Zenón se refiere es, en realidad, un "movimiento" infinito, sin fin. 

Justamente el movimiento que no termina nunca, que no  llega nunca a su fin, es lo que transforma un Movimiento en un No-Movimiento. Es esa interminable division la que abandona el Reino del Ser y abre las puertas del No-Ser. (El Reino del No-ser del vampiro que alberga una vida que no acaba nunca, una vida que no es nunca plena) El Tiempo se adentra en la dimensión del No- Tiempo.

Esto lo entendió Newton y por eso tomó la dirección ascendente y trascendente.

Esto lo entendió Leibniz, pero, optimista como era, pretendió solucionar el asunto sin conseguirlo.

Einstein se lanzó a la exploración de las inmensidades minúsculas. ¿Es posible descomponer las unidades hasta un punto en que ese no-movimiento infinito nos permita penetrar en otros mundos y universos sin “movernos” del sillón de nuestra casa o, al menos, sin notarlo? En mi opinión, Einstein no llega a abandonar nunca las dimensiones clásicas del Tiempo, del movimiento, de la Velocidad, aunque roza las dimensiones del No-Ser, del No-Tiempo y del No-Movimiento. La cuestión de la luz le interesaba demasiado, creo yo.

La conclusión a la que Zenon nos obliga a llegar no puede ser más clara: Con independencia de que nos encontremos en el plano material, o en el plano espiritual: Infinitud ascendente no es lo mismo que Infinitud en descendente.

Con su aporía acerca del movimiento, Zenón muestra dos tipos de falsedad:

-          - La falsedad del principio de igualdad,

-   - La falsedad del principio del círculo como figura geométrica perfecta.

Zenón rompe el círculo, introduce la línea y demuestra que no sólo la dirección arriba/abajo es diferente: es que incluso el camino en dirección decreciente se torna diferente.

El movimiento existe, sí. Pero mientras el movimiento en creciente se transforma en Eternidad finita, esto es: una eternidad que tiene principio y fin, un alfa y omega, el movimiento hacia abajo se transforma en una eternidad infinita, donde la infinitud -ya sea material o espiritual – no tiene fin.

Lo que pone de manifiesto Zenón es que como lo material es siempre divisible, el movimiento es infinitamente a ningún sitio.

La imposibilidad de terminar la división es lo que destruye los límites.

El No-Ser está marcado por la imposibilidad de llegar a límites.

El No-Ser está marcado por la inexistencia de límites.

Y esto: la inexistencia de límites es lo que define a la locura.

Llegados a este punto es cuando comprendemos en su absoluto significado la conclusión a la que llegó Newton, ¿recuerdan la frase que pronunció?: 

“Puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente.”

Aquí es donde se confirma lo que al principio se trataba únicamente de una opinión. Newton consideraba que el movimiento de los cuerpos materiales puede ser conocido y predecible gracias a las matemáticas, cuando estas se refieren a estructuras ascendentes que se caracterizan por ser limitadas y abiertas; pero no cuando nos adentramos en estructuras descendentes que son ilimitadas.

Estas estructuras descendentes son descendentes, aunque sean introducidas en sistemas cerrados, poco importa que esos sistemas cerrados se rijan por la armonía preestablecida o por la libertad en dialéctica. La llegada al Absoluto queda siempre lejos, y cuantas más etapas y más divisiones y subdivisiones, más se adentra ese Absoluto en el Reino del No-Ser al que Zenón se refiere, hasta caer en el movimiento que permanece inmóvil. Esto es: en el No-movimiento.

La física cuántica intenta comprender la parte descendente. No obstante, mantiene todavía la conciencia de límites. 

Cuando la física cuántica abandona la conciencia de límite se adentra en el terreno de la metafísica. Esta metafísica es material y descendente. Con todo lo que ello significa. Por eso la física cuántica es, fundamentalmente, teórica y, por fuerza, ha de entender las implicaciones filosóficas de Zenon, Heráclito y las afirmaciones de las dos tríadas de filósofos que hemos señalado antes. 

El gran error en el que una parte de la física cuántica está cayendo es que en vez de reflexionar sobre la problemática que presentan Zenon, Hersclito, Parménides y las "dos tríadas", como yo las denomino, concentran sus energías en buscar cómo armonizar la física Newtoniana y la de Einstein.

Entre el mundo del Ser (Arriba/Abajo el mismo camino) y el mundo del No-Ser que, sin embargo, es, (mundo cuántico) existen diferencias insalvables.

El segundo error es dejarse utilizar por las llamadas finanzas cuánticas.

Se descompone al infinito en unidades finitas y se pretenden establecer modelos en función de estas variables. Los modelos saben que lo máximo que se puede predecir es el 0´99.

No obstante, incluso esto es un imposible por la cantidad de variables, relaciones, interrelaciones…

Por otra parte, se hace necesario recordar que cada unidad en sí misma considerada es un infinito infinitamente divisible.

Así pues, nos encontramos ante un Infinito infinitamente divisible compuesto de unidades infinitamente divisibles.

La infinitud infinitamente divisible en la infinitud infinitamente divisible. Aquí es donde aparece la problemática que encierra la frase “El Todo en el Uno y el Uno en el Todo”.

Es verdad que muchos deciden “destruir” esa infinitud infinitamente divisible introduciendo el concepto de Océano líquido y no sólido.

Es aquí donde aparece eso que tantos intentan sobreseer: sólido/líquido/gaseoso son en ciencia tanto como en metafísica, distintos estados de la misma sustancia. Son los límites los que definen el estado de una sustancia y los que evitan confusiones a la hora de estudiarlo. Ahora bien: mientras en grandes dimensiones resulta posible separar el mar en dos, en pequeñas dimensiones nos enfrentamos a los mismos problemas anteriormente enumerados: la infinita posibilidad de ser dividida.

Cuanto más se pretende dividir el fluido más se desciende y más se adentra el fluido en las leyes de Zenón.

La fluidez tampoco soluciona el reto de Zenón.

Es la imposibilidad de dar por finalizada la división, esto es: la inexistencia de límites a la infinitud, la que introduce la locura. La locura no es azar, ni siquiera es incertidumbre. El elemento propio a la locura es el tándem “Impredecibilidad/caos”.

Cuando nos adentramos en el terreno de la locura, sin límites a los que agarrarse, el “a veces se gana, a veces se pierde” se convierte en irrelevante.

La inexistencia de límites determina la aparición de la locura cuya naturaleza, a su vez, descansa en la inexistencia de límites:

a)      Por un lado, la imposibilidad de que la locura pueda ser descrita por leyes. La locura es un estado que se mantiene ajeno a cualquier tipo de ley: a las humanas, tanto como a las matemáticas. Éste es el motivo por el que a lo largo de la historia unas veces se le considera maldición y otras, chispa divina.

b)      Por otro lado, la carencia consustancial de límites imposibilita construir “diques de contención”, ya sea con modelos matemáticos o con acciones humanas.

Al principio de este artículo hablábamos también de que determinados condicionantes externos podían generar la locura colectiva. Dichos condicionamientos externos podían ser por causas naturales y por causas artificiales, que servían a los intereses de unos cuantos.

Bien: justamente uno de los aspectos de la física cuántica, que se ocupa de los modelos matemáticos en áreas de la combinatoria, es uno de los instrumentos de los que más se abusa a la hora de provocar esta locura artificial.

Y bien, dirán ustedes, ¿qué tiene todo esto que ver con las finanzas cuánticas, es decir, con las finanzas que usan y abusan de la física cuántica para establecer modelos matemáticos cada vez más precisos que permiten, cada vez mejor, predecir la marcha del mercado o, lo que es lo mismo, los resultados de las quinielas?

Tiene que ver y mucho.

Las finanzas han abandonado el terreno de lo tangible; el actual concepto de “capital” no es el tradicional. El capital antes estaba sujeto al mundo de la tangibilidad tangible. En cambio ahora está sujeto a las predicciones, a los modelos matemáticos, cada vez más complejos, cada vez más necesitados de la rapidez de la inteligencia artificial, y todo esto determina que las finanzas estén reservadas a un grupo muy limitado de personas.

Pero que este grupo de personas que están en posición de adentrarse en el mundo de las finanzas cuánticas sea limitado no significa que se haya conseguido resolver la infinitud de lo infinitamente divisible.

¿Cuántas variables actúan e interactúan en las finanzas cuánticas actuales?

Cualquier experto les enumerará un sinfín de variables y no acabará su lista.

La verdad es que en las finanzas cuánticas de la actualidad sólo existe una variable: la locura.

Por eso el mundo parece cada vez más caótico, por eso el caos colectivo es una posibilidad cada vez más real es un mundo en el que debido a la dirección en la que está dirigiéndose, la locura se perfila como la única variable.

Cambiar la dirección sería una posibilidad. Asirnos a la tríada Aristóteles/Newton/Kant.

Lamentablemente casi nadie está dispuesto a considerar esta idea como factible.

Otra posibilidad es convertir al hombre en una máquina. La máquina es predecible. La locura se reduce a funcionar bien/ funcionar mal/ no funcionar. Pero puesto que la máquina es un mecanismo, es más fácil de controlar.

El problema que esto plantea es que de todas formas la máquina es un instrumento que como cualquier razón instrumental sirve al dueño que la posee. Si la máquina sirve a la locura, es predecible que la máquina realice movimientos impredecibles.

 A estas horas Zenón se ríe a mandíbula batiente, porque el movimiento no existe a pesar de estar inmerso en una división infinitamente infinita. Platón se ríe porque el mundo de las Ideas, estando en otros planos tan alejados de este mundo, vuelve a ser el verdaderamente real. Parece el triunfo de la filosofía hermética sobre la alquimia. Parece que la piedra filosofal tendrá que esperar…

¿Dónde termina la locura?

Allí donde empieza el Ser.

¿Dónde empieza el Ser?

Allí donde el camino toma la dirección ascendente trascendente.

Heráclito sólo ve el camino del Ser que, en efecto, ya sea arriba como abajo es uno y el mismo.

Lo que Zenón señala es que más allá de ese camino del Ser hay un camino del No Ser, distinto, a su vez, del concepto de la Potencia de Aristóteles que incluso como posibilidad pertenece al mundo del Ser: al del acto

El mundo del No Ser de Zenon es el mundo del caos en que TODO es posible e imposible al mismo tiempo.

En fin…

Seguimos donde estábamos. Loa a Zenon.

Isabel Viñado Gascón

 Estoy realmente muy cansada. Escribo a la velocidad de la luz, la cual -fuerza es reconocerlo- no es la más propiada para dedicarse al noble trabajo de la escritura. No obstante, me veo en la necesidad de hacerlo para sortear, en primer lugar, otras ocupaciones imperantes y para, en segundo lugar, que las ideas no se escapen a otros espacios siderales. Los artículos que les presento obedecen a mi deseo de intentar comprender un mundo que se me antoja cada vez más complicado, no porque el mundo se haya complicado sino porque lo están complicando a base de narrativas, de frases fórmulas.... 

A todos ustedes muchas gracias por su amabilidad.

 Creo que en algún lugar he escrito que Zenon era la salida. En aquel instante veía en el horizonte puntos difusos. Era la intuición la que especialmente me aconsejaba que ahondara en Zenon. 

En el momento en que se comprende lo que Zenon realmente dice, uno sabe que Zenon con sus aporías está advirtiendo del peligro que entraña el camino de lo decreciente.

La fisica de Newton y la física de Einstein no son compatibles.

No lo serán jamás.

Es posible que ambas tengan zonas yuxtapuestas: los puntos en común de los opuestos a los que tantas veces me refiero. Pero esa coincidencia es pura apariencia. En realidad es la advertencia de que a partir de un momento ese camino que Heraclito consideraba uno y el mismo, se torna completamente diferente.

Isabel Viñado Gascón

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 10 de junio de 2026

Una reflexión inacabada

 

En estos instantes tengo cinco proyectos en marcha. El primero es una novela; el segundo, un estudio sobre los Evangelios; el tercero abarca la naturaleza de la postmodernidad y la post-postmodernidad; el cuarto pretende convertirse en un estudio sobre San Alberto Magno, el gran San Alberto, tan olvidado por todos y al que debe volver a reconocerse la proeza que realizó al separar a Aristóteles de Platón, a la Alquimia de la Hermética, al mundo tangible que se eleva sobre sí mismo porque la materia, estando como está, imbuida de espíritu, desea ser conocida como materia viva de la eternidad y no como perdición del espíritu. El quinto y último proyecto se concentra en el manifiesto que hace poco acaban de publicar los propietarios, creo, de la empresa Palantir. Me he concentrado tanto en el contenido del manifiesto, que he descuidado por completo la autoría. En realidad, éste es el problema que me impide llegar a convertirme en eso que muchos denominan “persona culta”. Jorge recuerda todos los títulos, todos los autores. Lo que en esos libros se comprende, lo recuerdo yo. Somos un buen equipo, de eso no me cabe la menor duda. Imaginen el tiempo que ambos ahorramos. Sin Jorge, yo estaría obligada a repasar constantemente el índice que guardo de libros leídos y mis notas. En sociedad, no obstante, es Jorge quien triunfa y yo la que evita hablar de libros interesantes porque sé que en el momento en que me pregunten por el nombre del autor o del título o bien está presente Jorge para venir en mi ayuda, y en ese caso el triunfo, el suyo, es doble, o bien se impone el silencio, el mío. No es que Jorge no sea un buen lector. Lo es. Pero sus “asuntos” importantes le llevan a otros lares, a otros conocimientos, a otro tipo de lectura.

Sea como fuere, puesto que estoy convencida de que, al paso que voy, ninguno de esos proyectos alcanzará el status ni de libro ni de “proyecto finalizado”, la diatriba a la que ahora me enfrento es cómo y dónde publicar lo ya escrito El desafío a superar consiste en cómo corregir constantemente lo que todavía está inacabado y lo que seguramente seguirá siempre así, estando, no obstante, publicado; cómo convertir un pensamiento a trazos, impresionista, en medianamente comprensible para los otros, especialmente si los "otros" se tratan de algoritmos. Me resulta muy interesante la cuestión del análisis de nuestros textos, los textos de los seres humanos, por parte de la Inteligencia Artificial. 

Imaginen ustedes: los humanos utilizamos un lenguaje en el que coexisten diversos, niveles, grados de autoridad, estructura superficial, estructura profunda e incluso estructuras "cacao" en la que se entrelazan al mismo tiempo diferentes niveles psicológicos... Todo ello exige al intérprete grandes dosis de introspección del texto al que se enfrenta. 

Imaginen la cantidad de posible acepciones que un verso del tipo "la lluvia cae tras mi ventana" acepta. El poeta puede sentirse feliz, desgraciado; puede recordar momentos agradables o simplemente mostrar su contrariedad porque la lluvia le ha separado de su amada, que ha decidido anular el encuentro que tenían preparado; quizás la lluvia invita a tomar un café humeante o quizás simplemente es una mera descripción del tiempo. Ustedes pueden muy bien afirmar que el significado exacto se conoce en función de la relación que ese verso mantiene con el resto de los otros versos incluidos en esa poesía. 

Imaginen ustedes, sin embargo, que ese poeta es conocido porque en su obra reitera una y otra vez su desagrado ante la lluvia. La pregunta ante la que un estudioso del poeta, aunque se trate de la Inteligencia artificial, es la de si ese verso se encuentra en consonancia con el resto de la obra, o no. 

La Inteligencia Artificial puede ser tan rápida en efectuar cualquier análisis que se precie que, sin duda, se encuentra en condiciones de leer, analizar, sintetizar y establecer un juicio concluyente sobre toda la obra de ese poeta, para, a continuación, centrarse en el sentido del verso "la lluvia cae tras mi ventana". 

Pero imaginen ustedes que ese verso se encuentra inserto en un poema construido a base de frases inconexas. "La lluvia cae tras mi ventana/ El café ha subido cinco centavos/ El pastel de harina de trigo es mi favorito/ Un fantasma acaba de lanzar un libro de la estantería." 

Díganme:  ¿Cómo interpretaría la Inteligencia Artificial un texto así?  ¿Afirmaría que el poeta desvaría? ¿Qué tiene problemas con la salud mental, la suya?  ¿Lo consideraría un capricho estilístico? ¿Un experimento artístico?

Ustedes no saben adónde quiero llegar. Ustedes creen que es la capacidad de la Inteligencia Artificial lo que quiero poner en entredicho. 

Ustedes tienen razón. 

La Inteligencia Artificial llega a un único resultado: incluso cuando propone cinco posibles interpretaciones su resultado sigue siendo un único resultado. Se trata de un único resultado con cinco posibilidades distintas. Aceptémoslo: en poesía, en arte, una conclusión así es una aberración. Ese único resultado con cinco variables diferentes cierran la puerta a la fantasía. No sé si se acuerdan de aquella pesadilla de mi espectador en el que los vampiros se habían apropiado del control y el gobierno del Planeta. Gritó tanto que incluso su joven vecina fue a pedirle que por favor se calmara, para que ella pudiera seguir leyendo "La historia interminable", ese libro de Michael Ende en el que el reino de la Fantasía está desapareciendo en la Nada.

Eso mismo es lo que sucede cuando ante un verso de un poema, la Inteligencia Artificial ofrece como trabajo hermenéutico una única interpretación con cinco variantes. La fantasía individual, intransferible, personal, las evocaciones que esa frase, "la lluvia cae tras mi ventana",  convertida por el dios del arte en verso es analizada por una Inteligencia Artificial que ni siquiera como fenómeno atmosférico puede sentir la lluvia.

Y no obstante: no es eso lo único que quiero decir.

El siguiente paso es dilucidar cuál de las cinco variantes es la mejor, la más idónea, la más adecuada, la más exacta.  Nuevamente se abren dos posibilidades. O bien la Inteligencia Artificial se decanta por una de las cinco que ella misma ha propuesto, o bien la Inteligencia Artificial la deja al albedrío de cada uno de los lectores. 

Ambas elecciones son altamente controvertidas. En la primera, la Inteligencia Artificial adopta el papel de juez. Un juez peculiar puesto que no puede experimentar la lluvia. Sólo puede aprender qué es y aprender qué emociones provoca. Experimentar la lluvia es lo único que esa Inteligencia Artificial convertida en juez de versos no puede. (Spoiler: Por este motivo, se ha preferido siempre a Platón. Porque Platón permite lo que Aristóteles no acepta: que uno pueda concluir sin necesidad de la experiencia lo que el mundo "es" y "no es")

Si lo deja a la libre elección de los lectores, habremos de considerar si lo deja a la libre elección porque se trata de arte, o porque se trata de un verso que no sólo es descriptivo sino que, por ser parte de un verso, apela a las emociones y éstas, las emociones, pueden expresarse libremente.

Aquí los problemas se amontonan.  ¿Se exige una definición de "Arte",  a fin de acotar lo que pertenece al arte de lo que no pertenece?  ¿Dónde empieza y dónde acaba el Arte?  ¿Dónde la Filosofía?  ¿Dónde la Ciencia? Si es posible trazar límites sobre el área que cubre el Arte, ¿podemos establecer fronteras entre las diversas actividades humanas: mundo privado/mundo social/ mundo profesional?  ¿Podemos volver a separar el mundo natural del mundo político del mundo económico? ¿Dónde situar los límites y cómo establecer las relaciones?

Y estos problemas se acentúan en el caso en que la Inteligencia Artificial haya declinado a dar una respuesta última basándose en que son emociones y que cada cual puede sentir de manera diferente.  ¿Qué significa esto exactamente?  ¿Son las emociones realmente libres o están sujetas a condicionamiento socioambientales? ¿Pueden y deben educarse las emociones como los pensadores ilustrados han propuesto y siguen proponiendo? (Spoiler: románticos, postmodernos y post-postmodernos no soportan a la Ilustración ni a los ilustrados porque se alimentan de emociones, de grandes emociones. Olviden esa historia de que no soportan la Ilustración por la cuestión de la razón instrumental. Un romántico ama la técnica tanto que la transforma en "arte" y gana dinero, que es también muy romántico porque le permite hacer exóticos viajes.)

Si las emociones pertenecen al mundo del Arte  ¿son las emociones productos de las ideologías y de los prejuicios "Arte", es decir, construcciones de la imaginación, de las fantasías y fantasmagoría de los hombres?  ¿Es así cómo hemos de considerar todas las revueltas callejeras que se producen constantemente?  ¿Cómo "happenings"?

Aquí es donde ustedes dejan, seguramente, de comprenderme. Es muy posible que no tengan ni más remota idea de adónde quiero llegar. Unos creerán que deseo un mundo holístico, otros pensarán que deseo un mundo hecho de compartimentos estancados y otros asegurarán que es a un mundo interrelacionado a lo que me refiero.

Allí adónde quiero llegar es que la Inteligencia Artificial, es cuestión de tiempo, llegará a ser uno más de nosotros. Una opinión más. Quizás sea la voz de Dios, del Rey o de la Autoridad que ustedes prefieran. Pero allá donde hay una autoridad, hay también un rebelde. Y dónde ambos: autoridad y rebelde se sitúan la razón y la sinrazón, la verdad y la falsedad, las emociones controladas y las emociones incontrolables se sitúan frente a frente sin estar nunca separadas en dos bandos completamente bien definidos. "Yo soy Tú" es la expresión que mejor define la realidad que se establece cuando una Autoridad y un Rebelde se encuentran frente a frente. Ideologías, prejuicios, deseo de Poder, deseo de Vencer, juegos de luces y de sombras, estrategias, tácticas...

Muchos creen, quieren creer que la Inteligencia Artificial será el Juez imparcial.

Muchos creen, quieren creer que la Inteligencia Artificial será el Juez redentor.

Muchos únicamente espera que la Inteligencia Artificial le muestre el camino a seguir. No sé si cómo gurú o como maestro. 

Muchos se conforman con la información, con la respuesta rápida. Da igual qué información; da igual de dónde ha obtenido la respuesta. (Spoiler: llegados a este punto, creo que debería empezar a publicar en alguno de mis blogs (y a corregir) la novela que estoy escribiendo)

Muchos simplemente desean que la Inteligencia Artificial proporcione mayores rénditos a sus negocios.

En el primer caso, la Inteligencia Artificial será un juez entre muchos. En el último, en el que permite conseguir más beneficios, en uno de los numerosos truhanes que ya pululan por el mundo.

La Inteligencia Artificial ni mantiene el mundo en pie, ni lo destruye. La Inteligencia Artificial, igual que cualquier tipo de técnica, es un instrumento que se utiliza en uno o en otro sentido, dependiendo de en qué manos se encuentra. La Inteligencia Artificial como cualquier tipo de técnica es un servidor ciego.

Y esto no tiene nada que ver ni con Ilustración oscura, ni con catedrales, ni con aceleracionismo, ni con hiperstición. 

Tiene que ver simplemente con que el hombre ha de ver correctamente dónde se encuentra el bien y dónde el mal, en un camino que es el mismo arriba y abajo. El camino es el mismo; la dirección no. 

Ahora bien: cuando un hombre o un colectivo es el que decide dónde está el Bien y dónde está el Mal ese hombre y ese colectivo suelen ser "Flautistas de Hamelín" y no "Moisés", que es cómo ellos se llaman a sí mismos. El Bien y el Mal es tan individual como el camino que el hombre transita a lo largo de su vida, a pesar de ser ese camino el mismo camino por el que todos los demás hombres transitan desde el principio de la historia. Por eso Jesús, el gran individualista, se enfrentó al desierto cuarenta días y no cuatro décadas. El camino es uno y el mismo, pero el caminante es también un uno, que avanza ora en un sentido, ora en otro, ora en ninguno. 

Mi pregunta se mantiene en pie: aparte de ofrecer respuestas aceleradas que al hombre sensato únicamente le provocan dolores de cabeza,  ¿qué cosa ofrece la Inteligencia Artificial? Al menos una cosa he de reconocer que hay que agradecerle: el que por fin haya demostrado que la psicología en todas sus variantes es una ciencia de las emociones, por más que delante se le anteponga el prefijo "neuro". Y que puesto que la psicología es una ciencia de las emociones, las conclusiones de los psicólogos dependen, también, de sus propias emociones y de cómo ellos mismos interpreten una frase del tipo "la lluvia cae tras mi ventana". 

 El mundo gira y gira y gira y en cada giro se escuchan más palabras, más gritos, más sonidos inconexos. Y yo no quiero hablar, no quiero. Deseo que el día oscuro, lluvioso, ventoso que hoy se cierne sobre Berlín lo envuelva todo el verano, porque justamente así es como me siento. Los dolores de cabeza se han agudizado. La luz me resulta insufrible y mi única pregunta es dónde se ha metido el vampiro, el rey del reino del No-Ser al que tanto temo y al que hace tiempo que no veo. Mi temor es que esté preparándome mi sitio en el mismo lugar al que prometí no pertenecer nunca.

El mundo gira y gira y habla y grita y yo necesito, necesito desesperadamente, ordenar mis ideas. Los viejos clásicos, sólo ellos son los que me permiten adentrarme en el conocimiento. No llego a todos, es verdad que no llego a todos. Las visiones se acrecientan a medida que más me adentro en sus páginas y tengo miedo. Si el conocer, el saber todo encierra sus peligros, imaginen ustedes lo que significa “ver” todo. Ese “ver” que la mística india califica como “ver con el tercer ojo” y la mística cristiana llama “ver con el corazón” ha de tener un límite. El límite está impuesto por el cuerpo, por la materia. 

El cuerpo es, pues, el resguardo del espíritu tanto como la envoltura que marca los límites.

La técnica actual se ha transformado en tecnología y la tecnología en biotecnología en todas sus vertientes y posibilidades. Lo que se pretende con ello es ampliar  la amplitud del espíritu, a base de ampliar la capacidad del cuerpo, entendiendo tanto las capacidades físicas como las mentales.

No se puede.

La materia, la miren como la miren, representa un límite al espíritu. Es un resguardo, sí; pero también un límite. Pero incluso esos límites han de disponer de "medidas". "Todo según medida". 

Cuanta más materia, menos espíritu. 

 ¿Por qué? Porque la materia precisa de alimento y el alimento de la materia impide alimentar al espíritu. La materia precisa de cuidados, y los cuidados que la materia precisa obstaculizan cuidar al espíritu. 

Por eso.

En esto precisamente reside el error de la barbarie espiritual de la que tantas veces he hablado: en que llega un momento en el que los Ícaros de cada generación, ansiando el espíritu desprecian y matan a la materia. 

Únicamente los Dédalos poseen la serenidad para comprender que la misma materia, que ciertamente limita al espíritu y lo mantiene encerrado y encadenado, es la misma que lo protege de su evaporación en las esferas más altas perdiéndose para siempre en ellas, siendo consumido, finalmente, por las fantasmagorías de la locura y de la desesperación. 

Aceptémoslo: la materia, que es un límite para el espíritu es también su resguardo. Por eso Dédalo sólo puede escapar del laberinto usando alas de cera y observando las leyes de la naturaleza. Dédalo no es un filósofo hermético. Dédalo es un alquimista. Dédalo no es un platónico. Dédalo es un aristotélico. Y por eso Dédalo consigue alcanzar la libertad  anhelada.

Ícaro, en cambio, es un platónico, un hermético, que termina muerto por el deseo de superar los límites materiales que su condición humana, justamente por su condición humana, ha de respetar.

Y no obstante, el intento de Ícaro se repite una y otra vez, dando lugar a la barbarie espiritual. Los acólitos de la barbarie espiritual imponen un orden eterno e inmovible, el suyo, en el que la belleza de una flor se les antoja pecado, en el que la sonrisa de una mujer se les presenta lasciva y las voces de los niños jugando en el jardín les resultan insufribles por falta de altura espiritual, la que todos esos “gigantes espirituales” dictan, claro.

Los místicos del espíritu que desean ampliar el espíritu matando la materia son tan necios como aquellos místicos de la materia que creen que con la fuerza material ampliarán la espiritual. 

Ansían la eternidad de la materia, de la suya, de sus vidas, porque creen que así ampliarán su espíritu. Lo único que ampliarán, caso de lograr sus objetivos, será incrementar la necedad de la materia, la suya, claro. Y así la belleza de una flor sólo tendrá sentido si genera beneficios materiales, ya sean éstos para la salud o para las cuentas corrientes; las suyas, claro: las personas tendrán sentido no por personas sino por su utilidad, bien para el trabajo, para la donación de órganos, para la procreación de cuerpos materialmente cada vez más perfectos y en lo que a la mente se refiere, en tanto que material se investigará todas sus posibilidades y ello incluye la benevolencia y la humanidad como elementos de envoltorio a la materia para “dulcificar” la frialdad que caracteriza a ésta.

Y no obstante: tarde o temprano tanto la barbarie espiritual como la barbarie material terminan encontrándose frente a frente: "Yo soy Tú".

Ambos, en efecto, desprecian al hombre mortal. Los unos, por su cuerpo; los otros, por su espíritu. 

Ambos ansían lo mismo: los unos llegar a los espacios más altos del espíritu; los otros, a los espacios más altos de la materia.

Ambos persiguen las mismas metas: que el hombre deje de ser hombre para ser eternidad divina.

Y así los unos y los otros barbarie espiritual y barbarie material, gritan las mismas consignas: crea mundos con tu mente, sigue las pasiones, haz realidad tus sueños, conviértete en gota, conviértete en lider de esas gotas, eres destino, eres un elegido, eres un todo, eres conciencia, eres eternidad, eres un dios. 

Que la conciencia sea para espiritual e intangible para unos y material e incluso artificial, para otros, es relevante única y exclusivamente a la hora de polarizar e iniciar la "batalla final" "batalla redentora" "batalla final del principio". Los términos que utilizan poco importa.

"Yo soy Tú" significa en última instancia: "Yo soy malthusiano, Tú eres malthusiano."  

A continuación la polarización.

Polarización que, seamos claros, implica el mismo resultado con independencia de cuál de los dos grupos se alce con la victoria: la extinción del individuo. Al menos, la extinción del individuo tal y como lo conocemos hasta este instante, si no su extinción como especie.

¡Oh Dios! Devuélvanme ese hombre de cuerpo y alma con las mismas características con las que se ordenan la naturaleza humana y la divina de Jesús: cuerpo y alma, dos naturalezas, no destructibles, no fusionables, no separables, no susceptibles de ser partidas…

¡Devuélvanme al hombre mosquetero! Al hombre que se encoleriza con la misma ira justa con la que Dios se encoleriza: el uno, en su humanidad y Dios en su divinidad. ¡Y devuélvanme, lo suplico, al hombre libre que goza de su libertad! Esa libertad que es la misma libertad de Dios: la libertad del hombre hasta donde se lo permiten los límites de su humanidad, la libertad de Dios, ¡sin límites!  Pero es de la misma Libertad de la que hablamos porque Dios, que creó el mundo y que nos hizo a su imagen y semejanza, infundió su espíritu en nosotros. No somos Dios, pero Dios está inmanente en nosotros. Y esa inmanencia es la que permite concretar el absoluto en nosotros. Concretarlo, no igualarlo. Concretarlo, no alcanzarlo.

Ese “ver todo”, que tantos anhelan, escapa a nuestras capacidades. Seguirá escapando siempre. Podemos ser hombres libres, pero el hombre no puede ser el Axioma Primero. Es algo que Nietzsche comprendió y preguntó a sus congéneres. ¿Tenéis la suficientemente fuerza para convertiros en Primer Axioma y blandir la espada de la Libertad? El hombre en su inconsciente optimismo lo intentó. Fueron las locuras del Romanticismo, que no de la Ilustración, las que provocaron que el hombre se lanzara a encumbrar al hombre a Primer Axioma. 

Ahora todos se divierten hablando de la Ilustración oscura, de la Catedral… ¡Dios! Todos ellos son Hamlets, que matarán a los inocentes para, finalmente, dejar con vida a los verdaderos culpables.

No la "Ilustración", no la "Catedral" son los culpables de la miseria actual. 

Es el romanticismo y es el Casino

A ver si empezamos a llamar a las cosas por sus nombres.

Goya fue el que pronunció aquella frase de “Los sueños de la Razón crea monstruos”. Pues si los sueños de la Razón crean monstruos, ¡imaginen ustedes los monstruos que crean la sinrazón!

La crítica de la dialéctica Ilustrada de Adorno y de Horkheimer sólo tiene sentido si sustituimos “ilustrada” por “romanticismo” y la llamamos "Crítica de la dialéctica del romanticismo".

 No se atrevieron. Era más fácil identificar tecnología con ilustración que con romanticismo, que parecía centrarse en los paisajes bucólicos. (Spoiler: y en los nacionalismos imperialistas)


el libro de la semana de Isabel Viñado: V. “Contrapunto” (1928) Aldous Huxley/ V Huxley y Nietzsche – Ilustración: el duro equilibrio entre la razón y las emociones.

el libro de la semana de Isabel Viñado: VI. “CONTRAPUNTO” (1928) Aldous Huxley. HUXLEY Y LAS FUERZAS OSCURAS DEL ROMANTICISMO. LA ERA DE LOS NACIONALISMOS Y DE LA MÍSTICA.

Ambos fueron escritos en el 2013.

En el año en el que nos encontramos, el 2026, me reitero en lo que entonces dije. Al día de hoy sigo pensando lo mismo que entonces. Podría ser incluso más dura, porque todos, absolutamente todos aquellos, que critican a la Ilustración o bien son redomados truhanes, o absolutos románticos o ambos. Critican al puritanismo, igual que lo hicieron sus antepasados: Huxley, Wolf y demás, sin entender que las premisas de las que partían los hombres de la clase alta, - esos que podían permitirse escribir frases del estilo “leer es como matar faisanes (quizás eran perdices): una pérdida de tiempo”, porque tenían bibliotecas llenas de libros, - no eran las mismas condiciones en las que se encontraban las clases de los estamentos económicos inferiores; aquí, encontrar un papel para garabatear, no era una simple “pérdida de tiempo”: ¡era desperdiciar papel y lápiz! 

Lo que aquellos puritanos impulsaron y llevaron a cabo fue el derecho a la escolarización gratuita de todos los niños. Que la sociedad en su totalidad, con independencia de sus posibilidades económicas, tuvieran acceso al aprendizaje de - eso por lo menos- de leer y de la cuatro reglas de aritmética. Se aprendía a leer en la Biblia y se hacían aritmética con los talentos. Pero admitámoslo: tan cierto es que un poco de saber es más que nada,, como que de aquellos escolares salieron también grandes rebeldes.

Fueron los puritanos, también, los que emprendieron la difícil campaña de promover la abstinencia en las clases socialmente más desprivilegiadas a fin de que pudieran administrar mejor lo poco que ganaban con el sudor de su frente. Muchas mujeres estaban desesperadas por no poder alimentar a sus hijos porque sus maridos gastaban en alcohol el miserable sueldo que obtenían. Hasta el mismísimo Brecht lo comprendió en su obra "El señor Putila y su siervo". 

Cualquier movimiento que se precie está impulsado y llevado por hombres imperfectos, por su condición de hombres. Pregunten a una buena madre cuántos errores ha cometido con sus hijos: lo más seguro es que si de verdad se trata de una buena madre no termine en días de llorar por cada una de las injusticias que infligió a sus hijos, con la mejor de las intenciones y la mayor de las necedades. Lo que caracteriza a una buena madre, sin embargo, no es su llanto, sino su incombustibilidad para aprender de sus errores y su tesón para esforzarse por su prole; aunque esa prole haya alcanzado la madurez. En cambio, la mala madre, buscará excusas y, se lo aseguro, su propia necedad no será nunca una de ellas y cuando llore y sea consolada se sentirá redimida y justificada y seguirá en las mismas. Las lágrimas de la primera, no son las lágrimas de la segunda. ¿A quién creen ustedes que sus hijos le exigirán más? ¿A la primera madre o a la segunda? A la primera madre, sin duda. Los hijos saben que la segunda madre es incapaz de salir de su egoísmo y que suerte tendrán si no los devora. En cambio, a la primera madre, a la que se esfuerza cada día por ser plataforma, por ser ayuda, los hijos acudirán pidiéndole que le ofrezcan la estabilidad que han perdido actuando en el mundo.

Buenas madres es lo que necesitan los constructores del mundo. Buenas madres y buenas esposas. Igual que esas buenas madres necesitan buenos padres que las sostengan a ella y las esposas necesitan buenos esposos que las protejan.

Se niega esto. En vez de eso se introducen conceptos que juntan en una misma sopa términos como: “igualdad”, “conciliación”, “independencia”, donde la “igualdad” se refiere cada vez más a la igualdad de status; la “conciliación” alude a la repartición de tareas y obligaciones cotidianas dentro de las cuales se incluye a los hijos, que han quedado reducidos a eso: a obligación jurídica y económica, y la “independencia” significa que cada cual atiende a sus propios intereses y objetivos, porque es el desarrollo individual lo que cuenta.

 Díganme: ¿qué es lo que al final queda? La miseria. El amor no es ya ni oxitocina. El amor se reduce a ese instante primero de “atracción” inicial, que es incapaz de llegar más allá de ese instante. Lo que una y otra vez buscan los “don juan” y las “madame Bovary” de este mundo es una y otra vez “la atracción primera” que los libere, aunque sea por unas pocas semanas, de su aburrimiento. Lo que queda después es el amor por interés.

Ustedes creen que son cuestiones personales las que me importan.

No lo son.

Ya lo he explicado muchas veces: el amor es cosa vetada a las brujas; nuestra función es la de ser antenas receptoras de las energías negativas, a fin de reducir al máximo su negatividad. Por eso, vuelvo a repetir lo que ya tantas veces he dicho:, un aquelarre de brujas es una contradicción en sus términos. Una bruja no tiene nada que ver con su homólogo masculino el brujo; una maga, a su vez, tampoco es un mago. Una maga es lo que en masculino es un brujo: fuerzas que ansían el Poder.

Si les explico todo esto es para intentar poner, al menos eso, un poco de orden en una esfera: la del mundo intermedio, en la que está apareciendo una está creando una nueva forma de grimorios, de superstición numérica, hiperstición…

Porque junto a todas estas historias del “Mundo Intermedio”, surgen dos conceptos que pertenecen al “Mundo Eterno del Ser” sobre los que creo que se hace necesario poner un poco de claridad. Uno es el concepto “Katechon”; el otro es el concepto del “Anticristo”.

Lo diré brevemente, una vez y nunca más. No por arrogancia, sino por los dolores de cabeza que me originan.

 Katechon son todas y cada una de aquellas fuerzas que se mantienen en pie, mientras el mundo se derrumba. Katechon es el hombre que cree firme e incansable y sostiene la llama de su antorcha mientras las fuerzas negativas están torpedeando su cuerpo y su alma con toda serie de artillería. Katechon es el mosquetero que lucha sin cuartel para que la luz de la antorcha, de su antorcha, no se apague;  y lucha sin cuartel porque es consciente de que cada antorcha con luz es una antorcha que mantiene la humanidad del hombre, de un hombre que no es ni bestia ni Dios, a pesar de que su cuerpo sea de naturaleza animal y su espíritu unido a Dios por la fuerza inmanente. Katechon es el hombre que se mantiene en la inmanencia yendo a la trascendencia a base de su intento de mantener su antorcha encendida. La suya. La suya. La suya. Katechon es un hombre que se esfuerza en mantener su antorcha encendida y que se alegra de ver que a su lado hay otro hombre esforzándose en mantener la suya propia encendida. Pero aclarémoslo: Katechon no es un colectivo. Cada hombre mantiene su antorcha. Y la mantiene encendida, da igual que haya otro hombre o no portando una antorcha. Katechon es el hombre que ofrece su vida y su existencia para cuidar de que esa llama de luz se mantenga encendida, cueste lo que cueste. 

No se trata de una lucha cuerpo a cuerpo. Se trata de una lucha consigo mismo, por mantenerse en el Bien conociendo el Mal.

Y no me digan ustedes que no saben qué es el bien y qué es el mal.

Es verdad, no hay una definición de Bien y no hay una definición de Mal. Con "Bien" y "Mal" pasa lo que creo que decía Bertrand Rusell con el concepto de "rojo". Son conceptos "atómos".

Y sin embargo, todos - salvo que sufran de algún tipo de lesión o de enfermedad- saben qué es el rojo y saben distinguirlo del azul.

Lo mismo sucede con el concepto "Bien" y con el concepto "Mal"

Salvo algún tipo de lesión o de enfermedad, todos reconocen que en ese camino que es el mismo arriba y abajo, hay un sentido arriba y un sentido abajo.

El camino es uno y el mismo para todos. La dirección en cambio es muy distinta.

Sin embargo, si se produce un cambio constante en las tonalidades llega un momento en el que ni el más sano de los videntes puede ñ si lo que ve es "rojo" o es "marrón".

Y lo mismo sucede cuando el sentido del camino está en constante cambio de sentido. Hasta el más sano de los hombres éticos termina mareado y ya no sabe ni cuándo una acción está bien ni cuándo mal, y termina dudando de que dirigiéndose hacia arriba, se encamine en realidad hacia abajo. O viceversa. 

Es decir, con tanto cambio de sentido y de dirección el individuo termina perdiendo el sentido del rumbo de su barco. El suyo. Y ni siquiera la mejor de la madre es capaz de saber si está llevando a sus retoños a buen puerto.

El Katechon es ese ser que es capaz de mantener la antorcha encendida y caminar en el camino correcto incluso cuando el camino cambia constantemente de sentido, porque ha sido capaz de encontrar fuera del camino los mecanismos que le mantienen en la dirección adecuada a pesar de los vaivenes de la dirección. El Katecho ha encontrado el modo que mantenerese en el sentido trascedental ascendente incluso en los tiempos en los que el Anticristo ya ha hecho su aparición.

Y ahora:

¿Qué es el Anticristo?

Olviden esa absurda, terrible, peligrosa y perversa idea de “Yo soy Tú”.

En otros contextos es necesario apelar a ello. 

Aquí, en cambio, no es cierta. Igual que tampoco es cierta cuando ese “Tú” se refiere al “yo del pasado” o al “yo del futuro”.

Cristo y el Anticristo no se reflejan en un espejo.

El Anticristo es la inversión de Cristo.

El mismo camino.

Diferente sentido.

Al final del ascendente está Cristo.

Al final del descendente está el Anticristo.

Es al Anticristo al que le interesa, pues, promover la igualdad del "Yo soy Tú", primero y la inversión del sentido, después.

Por eso resulta tan complicado para la mayoría de las personas saber adónde ir, hacia donde dirigir su camino.

Imaginen ustedes un camino en el que la dirección, y no únicamente la topografía del camino – que es a lo que normalmente hemos de enfrentarnos en nuestra vida diaria, incluso cuando avanzamos en la dirección correcta – cambian constantemente.

Mi amigo Carlos Saldaña estaba convencido, (creo que todavía lo está),  que los moderados en tiempos de crisis no éramos de gran ayuda, porque además de no ser operativos, terminábamos arrasados.

el libro de la semana de Isabel Viñado: Una conversación con Carlos Saldaña (2014) Isabel Viñado Gascón.

 Escrito en el 2014, publicado en el 2015.

La verdad es que he pensado muchas veces en el significado del término “moderado”. Tal y como Carlos interpretaba su significado, los “moderados”, incapaces de decantarnos por unos o por otros, nos asemejábamos peligrosamente a aquellos “tibios” a los que Cristo recrimina su comportamiento tibio.

Apocalipsis 3:15-16 “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frio o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frio ni caliente, te vomitaré de mi boca.”

En mi interpretación de la obra de Huxley “Mono y Esencia”, publicada en 2015 en mi blog “El libro de la semana de Isabel Viñado”, yo distinguía entre ser “radical” y ser “dogmático”. El ser radical era, a mi modo de ver, la persona que se mantenía inquebrantable en sus principios, mientras que el dogmático era el individuo fanático de la idea y de las normas, fueran éstas las que fueran, porque era el cumplimiento de dichas normas las que le aseguraban el Poder sobre sus congéneres.

Muchos no entendieron esta diferencia; mi amigo Jorge fue uno de ellos. A su juicio, “radical” “dogmático” y “fanático” encierran un mismo significado para tres términos distintos.

Regresemos por un momento a la consideración de "Katechon".

El Katechon no puede ser un hombre bueno que es tan bueno que ignora lo que es el mal.

Eso no ayuda a nadie.

Y tampoco puede ser un hombre que es incapaz de distinguir entre el bien y el mal y se mantiene en el bien por pura casualidad.

El Katechon es aquel hombre, o aquella serie de hombres que, sabiendo lo que es el mal, conociendo no sólo el daño que el mal hace, sino también los privilegios que el mal concede, se mantiene, o se mantienen, firme, firmes, en el bien. Y se mantiene firme en el bien porque tiene la capacidad, ya lo hemos dicho, de saber dónde está el bien y dónde el mal, con independencia de las inversiones de sentido que se produzcan en el sentido del mismo camino por el que la humanidad en su totalidad transita.

No son muchos. No sé si han leído ustedes a Dürrenmatt . En su obra “la visita de la vieja Dama”, Dürrenmatt expone la venganza de una mujer; en la obra “ El juez y su verdugo”, Dürrenmatt expone la disyuntiva a la que se enfrenta un policía que ha cerrado una apuesta con un criminal que asegura que el policía nunca le atrapará siguiendo las normas. El policía termina apresando al malvado. El malvado muere riendo porque ha ganado la apuesta: el policía ha traicionado sus propios principios; únicamente así ha podido darle alcance. De una tercera obra “La avería” hay varias versiones. En una de ellas el protagonista, injustamente declarado culpable, se suicida; en la otra, se escapa prometiéndose a sí mismo ser duro de corazón y cínico.

Ninguno de estos personajes pueden formar parte del concepto “Katechon”.

¿Por qué no? 

Porque las formas de actuar a las que Dürrenmatt se refiere en sus obras son formas que afectan al tema de la "lucha" y de la "victoria" de los unos en relación con los otros. Es, por así decirlo, una pregunta sobre "el arte de la guerra". Lo que Dürrenmatt demuestra en su obra "El juez y su verdugo" es que, en la lucha contra el enemigo, los principios morales individuales quedan, como poco eso,  "aparcados", neutralizados, en suspense.

“Katechon”, en cambio, es un sentido radicalmente moral y, por eso, radicalmente individual..

Son individuos los que individualmente caminan y se mantienen en el sentido hacia el Bien. Portan sus antorchas, a pesar de que saben, porque hay cosas que se saben, porque está escrito, que es cuestión de tiempo de que ellos mismos caigan arrastrados por la corriente. No se trata de sucumbir o no sucumbir. Lo importante es aguantar. Lo que en estos instantes todos repiten sin parar: "Resiliencia".

La llamada a la Resiliencia es, en última instancia, la llamada al Katechon. 

O lo que es lo mismo: es la llamada a que cada uno se mantenga firme en lo que sus corazones "ven", "señalan" que es justo. Mantenerse firme en lo que se ve que es el sentido correcto en un camino que está en constante inversión y reinversión exige "ver" el Bien, tanto como el "Mal", para no confundirse. De lo que se trata es de lograr mantener sus antorchas iluminadas, confiando en que el tercer ojo, el corazón, es capaz de distinguir lo falso de lo verdadero.

Pero hay algo más de lo que nunca o raramente se habla: Mantengan ustedes sus antorchas. No obliguen a otros a mantenerlas.

Preocúpense ustedes de mantener el camino iluminado.

No exijan a otros que lo iluminen.

No enjuicien a los otros que no los iluminen.

No llamen a los otros a seguir su camino.

Mantener el rumbo de su propio barco exige tanto esfuerzo, que intentar mantener el rumbo de los otros barcos es hybris.

Cualquier buena madre, cualquier buen faro, cualquiera buena antorcha, sabe que su misión es mostrar y señalar los peligros que aparecen en la noche y en los recodos desconocidos.

No más.

Menos tampoco.

En cuanto a esa historia de que libertad y democracia son incompatibles, yo ya no sé a qué plano de la existencia se refiere.

En el plano moral, y desde el punto de vista kantiano, la moral es individual e intransferible. Así que, en efecto, la libertad individual para fijar principios morales está reñida con la democracia de decidir colectivamente normativas morales, aunque posiblemente algunos individuos establezcan principios y jerarquía de principios similares. Pero esa similitud es más consecuencia del azar que otra cosa.

En el plano económico libertad y democracia son también incompatibles. La suma de libertad y democracia equivale en economía a anarquía y desorden; especialmente cuando unos hablan de libertad absoluta y los otros indican democracia directa. Pueden leer “Los náufragos del Johathan”, de Jules Verne, si no me creen. Allí encontrarán una fácil aclaración de lo que digo.

La conciliación de la libertad absoluta con la democracia directa es imposible. Se hace necesario establecer determinadas normas. Normas que a unos les resultan insufribles, porque coartan su libertad y los otros no soportan porque las normas, que son generales, van acompañadas de excepciones que limitan el sentido de igualdad y porque en democracia a veces se dan resultados claros, y otras muy similares y porque los descontentos tienden a mostrar su descontento por aquello de ganar simpatizantes para la siguiente aprobación de normas referentes al pecunio que llega y al montante que se queda en sus bolsillos. 

Por otra parte, se hace necesario recordar que en economía, se habla de justicia distributiva, (más que de democracia). Lograr la justicia distributiva ya es mucho.

Recordemos que lo contrario de igualdad no es desigualdad, sino diferente.

Por su lado, lo contrario de desigualdad, no es igualdad, sino Justicia.

Respecto a lo que a la cuestión política se refiere, lean, por favor, a Maquiavelo.

el libro de la semana de Isabel Viñado: Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, de Maquiavelo. Primer Libro. Comenzado en 1513, terminado en 1519 y publicado en 1531

 

el libro de la semana de Isabel Viñado: Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, de Maquiavelo.Segundo Libro: "Consideraciones sobre la política exterior y la guerra.

 

el libro de la semana de Isabel Viñado: Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, de Maquiavelo. Tercer Libro."Sobre los Líderes" Comenzado en 1513, terminado en 1519 y publicado en 1531.

 

el libro de la semana de Isabel Viñado: Consideraciones personales al Primer Libro de los Discursos de Maquiavelo, (2015), Isabel Viñado Gascón

  

Comprenderán que lo más difícil para un pueblo que nunca ha conocido la libertad, es vivir en libertad.

La forma política en la que los ciudadanos pueden vivir libremente es la democracia.

En este sentido, es una gran barbaridad negar que en política la libertad y la democracia son incompatibles.

Los ciudadanos de la polis necesitan unos acuerdos y unos serios compromisos a la hora de determinar las cuestiones que afectan a la vida en común, a la tolerancia respecto a diversos modos de vida.

Es preciso, sin embargo, adentrarnos en dos cuestiones que a muchos les pasa desapercibido o quieren ignorar.

La primera de ellas es que la libertad es incompatible con la demagogia y con el caos.

La democracia puede convertirse en demagogia.

La democracia puede convertirse en caos.

Para poder evitar e impedir esto sólo hay un instrumento, un remedio:

“Cogito ergo sum”, de Descartes.

“Sapere aude”, de Kant.

El conocimiento cognitivo en las aulas, el conocimiento global en el hogar y en la sociedad.

A pesar de las críticas con más o menos fortuna que le han hecho a estas frases, me veo en la obligación de recordar aquello de: “a buen entendedor con pocas palabras basta.”

La segunda cuestión es que la libertad ha de ser constantemente defendida. Desde el punto de vista moral, la defensa de la libertad exige cerrar puertas y compuertas. Lo dicen todas las éticas: la cristiana, la estoica e incluso la ética de Epicuro. Aceptemos que llamar a un jardin de amigos selectos y seleccionados un jardin democrático es una acepción un tanto "curiosa".

Ustedes sigan criticando a la Ilustración, sigan deformándola, sigan obviando que la Razón es la suma de entendimiento más emociones (sentimiento), sigan destrozando los límites que la Ilustración estableció entre Religión y religiosidad y entre las diversas disciplinas.

Ustedes sigan hablando de Ilustración oscura y de catedrales, sigan divirtiéndose con la deformación de conceptos al tiempo que proclaman la destrucción de la filosofía anterior a ustedes, de las supersticiones anteriores a ustedes, por obsoletas y carentes de sentido en un mundo como éste, ustedes sigan declarándose el primer hombre para terminar siendo el último.

Ustedes hablen y hagan lo que ustedes consideren adecuado para ustedes.

Pero, por favor, no me expliquen el mundo, para a continuación afirmar que no hay un mundo sino mundos paralelos, y no sé cuántas dimensiones.

Se hace realmente complicado intentar entenderles.

Y mira que lo intento…

Lo intento.

Incluso el vampiro, el rey del reino del No-Ser, me resulta más inteligible que todos ustedes.

Una última nota: no critico ni defiendo a Peter Thiel. No sé muy bien si se ha impuesto una determinada misión o no. No sé si sabe quién es el Anticristo, o no. En mi opinión, y si me atengo a lo que le escuché decir hace muchos años, el Anticristo no es una persona concreta. Pero a lo mejor me equivoco, porque no he hablado nunca con él. Igualmente, en mi opinión, - más bien en mi deseo - si se ha ido de los Estados Unidos no ha sido para evitar pagar impuestos, sino porque se siente traicionado por el poder político que ahora rige.

Pero, vuelvo a decir, no conozco a Peter Thiel. No he hablado nunca con él. No he escuchado todas sus entrevistas. No he leído sus libros. Lo que, desde luego no estoy dispuesta a consentir es en dejarme arrastrar por la avalancha de críticas que cada día se arrojan sobre su nombre y el de sus amigos, colaboradores y demás, porque más que críticas son piedras en forma de palabras. Las críticas han de basarse en algo más que en insultos porque elabora un sistema que controla. Controlar han controlado todos aquellos que pueden controlar. Las escuchas telefónicas existían antes de que Peter Thiel creara su "Palantir". El espionaje chino, ruso, coreano del norte es tan eficaz como puede serlo el americano. "Yo soy Tú" es algo que tiene y mantiene cualquier competición, enfrentamiento, guerra o como ustedes deseen llamarlo. 

 Así que lo que digo respecto a Peter Thiel no pasan de ser elucubraciones, ni siquiera especulaciones.

Cosa completamente diferente es lo referente al Katechon, al significado del Anticristo, a mis protesta en firme a esa moda actual de criticar, de oscurecer a la Ilustración, de derribar a las catedrales a base de deformar su significado original, y a las posibilidades de compatibilizar (o no) libertad y democracia; de despedazar al hombre en sólo espíritu o en sólo materia a base activar el aceleracionismo, sea quién sea y dónde sea esta activación. 

Todas esas afirmaciones son mías.

Justo es, pues, que me haga responsable de ellas.

Isabel Viñado Gascón

Doy las gracias a todos aquellos que le ofrecen a mi cerebro temas sobre los cuales puede reflexionar.

Una última reflexión: la mayoría de las personas no dejan de hablar de la desaparición del Estado y de que son las empresas occidentales las que van a dirigir el destino de Occidente. 

Al precipicio es adónde se dirige Occidente, concluyen. 

Eso, aseguran, suponiendo que Occidente no se encuentre ya en el abismo.

 ¿Realmente creen todas estas personas que eso de lo que hablan es inevitable?

¿Han escuchado ustedes hablar del “salto de la rana”?

Díganme: en un mundo donde todos quieren y luchan por ser reyes, por poseer el anillo del Poder, ¿creen ustedes, de verdad lo creen, que el Estado va a desaparecer?

¿Conocen ustedes la llave mágica que cualquier Estado posee?

La conocen.

Se llama “expropiación”.

¿Creen ustedes que el Estado expropia a sus ciudadanos y no puede expropiar a sus grandes magnates, a sus grandes empresas y empresarios?

¿Juegan ustedes a ese extraño juego de “Yo soy Tú” y ustedes creen que mientras China es un Estado-Empresa, Occidente va a convertirse en una Empresas-Estado feudal?

!Ja!

¿Creen ustedes que el juego de la inversión es compatible con el juego de “Yo soy Tu”?

En fin...

Admitámoslo: demasiadas frases fórmulas; demasiado escenarios...