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jueves, 30 de abril de 2026

Está en mi naturaleza, supongo.

 

Hoy me he levantado sumamente cansada. Si he conseguido abandonar el lecho ha sido más por un incomprensible sentido de disciplina en alguien cuyos movimientos, justo es reconocerlo, no interesan a nadie. Con que me interesen a mí y a Dios es suficiente, me digo siempre. Para las personas como yo, Dios es el único principio en el que se apoya nuestra razón de estar aquí, en este mundo. 

Otro asunto, completamente distinto es dónde apoyamos nuestra razón de ser, De nuestra razón de ser, creo que únicamente cada uno de nosotros debe hacerse responsables. Sin embargo, en lo que a la razón de la existencia se refiere, las personas como yo hemos de recordar una y otra vez que la razón de nuestra existencia no se encuentra en nosotros, porque la existencia es algo con lo que nos hemos encontrado, sin pedirlo, sino en Dios. Es por eso por lo que las personas como yo cuándo una y otra vez nos preguntan qué hacen en este mundo personas como nosotras, porque, dicen los que nos preguntan por el sentido de nuestra existencia, no se entiende el sentido de nuestra existencia, hemos de contestar, igualmente una y otra vez, que a nosotros no nos pregunten, que de eso no tenemos ni la menor idea, que mejor le pregunten a Dios, que nosotros sólo sabemos el sentido de nuestro ser. Pero como por lo general los que suelen admirarse de nuestra existencia no creen en Dios, terminan quedándose con su desesperación, a falta de una respuesta que les satisfaga.

Me encantaría profundizar más en este asunto, pero, como ya les he dicho, estoy cansada y quiero terminar pronto lo que me prometí a mí misma no empezar nunca. Para ser sinceros yo esperaba leer lo que ahora voy a escribir en algún artículo, o escucharlo en algún podcast de los de YouTube. No lo he visto publicado por ningún lado. Peor aún: las razones que se están esgrimiendo me parecen sumamente erradas y errantes. Es como si tuvieran la verdad delante y, o bien no la ven, o no quieren verla. Así pues, he decidido ofrecerles a ustedes: mis lectores, mis amables algoritmos de los centros de Inteligencia artificial, una razón más, distinta, creo, de las hasta ahora esparcidas por las redes. Hasta el momento lo que he oído han sido las teorías de la conspiración como que el caso Epstein salpica a Trump, Israel chantajea a Trump y éste inicia una guerra como la de Irán. Sinceramente: algo así no serviría ni como guion de película de ciencia ficción ni como guion de comedia. Otros, van y aseguran que lo que Trump está buscando es asegurar el dólar como moneda de pago internacional. Suena un poco mejor, pero no nos lleva mucho más lejos. Aquí pasa igual que con el miedo a las cancelaciones: el que nos quiera cancelar, nos cancelará si no es por un motivo por otro. Lo que intento decirles con esto es que, si medio mundo ha decidido prescindir de la moneda dólar como moneda de pago, ni todas las guerras de este mundo lograrán que ese medio mundo cambie de opinión. Al contrario: reforzarán su intención. Otro de los motivos esgrimidos tiene que ver con los movimientos en los mercados de los productos financieros. Ciertamente muchas empresas se basan en acciones e incluso retribuyen a sus empleados con acciones. Cuando la empresa está despegando, el beneficio que esas acciones pueden ofrecer a dichos trabajadores puede ser extraordinariamente elevado. Ello incentiva a las sucesivas generaciones y “hornadas” de asalariados a aceptar acciones de la empresa en pago a su labor. La idea es muy sencilla: se intenta unir el destino de la empresa al bolsillo de los trabajadores para que incrementen su efectividad y eficacia. La idea última la conocemos todos. Todos también sabemos que alcanzarla es un gran imposible. Pero no es el momento de explicar asuntos que ya se conocen. Créanme: los productos financieros tampoco son la razón que ha propiciado que los Estados Unidos se lancen a esta guerra.

Mucho menos aún lo es el tema de los derechos humanos que algunos esgrimieron al principio de la conciencia y que hubieron de desechar pronto al descubrir que, al menos en el caso de Irán, la defensa de los derechos humanos atentaba contra el derecho internacional.

En mi humilde, pero firme opinión, la razón de esta guerra se encuentra en otras áreas: la de la Inteligencia Artificial, la de la robótica – lo que incluye las armas sin seres humanos- y, por añadir algo más, la de las criptomonedas.

Todos estos campos requieren de inmensas cantidades de energía. Sin embargo, el petróleo, el gas, y las energías renovables, difícilmente pueden proporcionar los niveles necesarios; al menos no tan rápidamente como desean los interesados.

¿Cómo lograrlo entonces? Acelerando el proceso. ¿Cómo? Reduciendo las cantidades disponibles de petróleo y gas hasta el mínimo; anulando subvenciones a las renovables; negando fondos a su desarrollo y mostrando al mundo su fragilidad si el mundo se empeña en seguir dependiendo de estas fuentes de energía.

La estrategia más eficaz consiste en privar a las naciones de petróleo, de gas y demostrarles la insuficiencia de las energías renovables. Los gobiernos de las naciones afectadas por la guerra de Irán están tan asustados como sus poblaciones. Es posible que esta guerra consiga que todos ellos se resignen a aceptar una forma de energía que hasta el momento se ha rechazado masivamente: las centrales nucleares.

Los promotores de la Inteligencia Artificial, sea quienes sean y provengan de donde provengan, necesitan urgentemente grandes cantidades de energía para levantar y expandir sus centros de datos, sus centros experimentales para robótica, soldados transhumanos, sin olvidar las cuestiones de satélites y viajes espaciales.

Como digo: la guerra de Irán deja abierta la puerta a las centrales nucleares. Más aún: la guerra de Irán va a dejar abierta la puerta a un tipo de centrales nucleares que las grandes fortunas del planeta reivindican: las pequeñas centrales nucleares, los mini-reactores.  ¿Para qué? ¡Hombre! ¿Para qué va a ser? Para obtener la completa autonomía; la suya, se entiende. Sus aviones, sus coches, sus huertos de plantaciones biológicas, sus laboratorios, sus búnkeres, sus naves espaciales…

Y ahora, me voy a pasear.

Tener que sentarme a escribir estas cosas me dan dolor de cabeza.

Una última cosa:

Desconozco si es verdad que Alexander Karp ha dicho que las profesiones que el futuro necesita son las de electricistas, fontaneros y similares por un lado, y los neurodivergentes son las profesiones del futuro. Caso de ser verdad, ignoren las palabras de Alexander Karp. Dedíquense a aquello que realmente les interesa. No tendrán éxito, en efecto; pero serán felices. Las profesiones del futuro nunca son las profesiones del futuro; son las profesiones que algunos empresarios necesitan y necesitan en grandes cantidades para poder elegir ellos los mejores para sí mismos; los demás electricistas y fontaneros – aquellos que requieren de clientes normales – tendrán que hacer frente a los mismos problemas que aquellos que han adquirido conocimientos diferentes a los de electricidad y fontanería: el del desempleo y el de la precariedad en el trabajo. ¿Por qué? Porque ante una crisis económica lo que impera es el “hágaselo usted mismo”; o lo que es lo mismo: “las cosas se arreglan con un apaño y si no se arreglan se dejan tal cual y nos apañamos nosotros”.

Y por lo que a los “neurodivergentes” se refiere, pueden olvidarlo también. Los verdaderos “neurodivergentes” están hasta la coronilla de serlo; si pueden conseguir un trabajito que les ofrezca paz, tranquilidad y un trozo de pan diario que llevarse a la boca, no se preocupan de mucho más.  Luego están los “neurodivergentes” que necesitan de medicamentos y similares. Tampoco a este grupo se refiere Alex Karp. Los “neurodivergentes” a los que Alex Karp se refiere son a ese tipo de personas curiosas que tienen ideas peregrinas que, sin embargo, les permite ganar mucho dinero. “Creativo” ya no es “Creativo”. Pensemos: si la AI escribe, pinta, compone… ¿Para qué se necesita un “creativo”? Si la AI puede incluso “inventar”, “imaginar” ¿Para qué se necesita un inventor y un visionario? La AI será con el tiempo ella misma “Neurodivergente”.  Lo que ahora llaman “creativo”, “visionario”, “apasionado”, etc… es a cualquiera que tenga magníficas ideas para ganar dinero, para elaborar estrategias con las que anular y neutralizar obstáculos legales y políticos. Etc….

¿Por qué esa manía en creer o querer creer que el término “neurodivergente” se refiere a otra cosa?

Personalmente estoy convencida de que hoy en día los verdaderos “neurodivergentes” están tan en peligro como lo estuvieron ayer y muy posiblemente lo estarán mañana.

¿Los vencedores absolutos?

Llevo diciéndolo hace años: los malthusianos.

¿Esperaban algo distinto?

Tener que hablar de estas cosas me fatigan tanto…

Isabel Viñado Gascón