En realidad, yo no quería escribir este artículo. A decir verdad, he estado esperando todo el día que fueran otros los que lo hicieran. En mi fuero interno sabía, sin embargo, que ni siquiera en el caso de un silencio general rompería yo el mío. Tan bello me parece el silencio en estos momentos.
Pero hete aquí que en la editorial del Handelsblatt del día de hoy Sven
Prange escribe lo siguiente: “Warum es gefährlich ist, sich über
Merz´Stadtbild-Aussag aufzuregen”. Y prosigue: “Die Debatten im
Land määndern von einem Empörungsstrudel zum nächsten. Das Wesentliche gerät
dabei aus dem Blick. Derweil werden in anderen Weltregionen Fakten geschaffen.“
“Denn es ist ja so: Wer den
Kanzler kennt, weiß, dass er sich allenfalls erklären, aber nicht entschuldigen
wird. Wer die Thesen des Kanzlers teilt, wird sich vom Protest dagegen nicht
bekehren lassen. Und wer gegen den Kanzler protestiert, wird wegen der ersten
beiden Punkte bis auf Achtungserfolge in den sozialen Netzwerken nichts
erreichen. (…) Die Frage ist, ob das für ein Land, dessen Wirtschaft seit
Quartalen stagniert, dessen Industriearbeitsplätze gerade nicht mehr schrumpfen,
sondern wegbrechen, in dem selbst solideste Mittelständler wie Trumpf
Millionenverluste schreiben und eine Partei aus ökonomisch nicht sehr solide
aufgestellten Russlandverstehen die Umfrage anführt, ein kluger Einsatz von
politischen Ressourcen ist.“ (Stadtbild-Debatte. Sven Prange 24.10.2025 13:52 Uhr. Handelsblatt)
Lo que básicamente
Sven Prange viene a decir es que la indignación popular no va a arreglar nada,
y que hay otros problemas más acuciantes de los que preocuparse.
A mí, este tipo de argumentaciones me ha producido desde el principio de mi
vida grandes dolores de estómago; tantos como de cabeza.
Los dolores de estómago tienen un origen emocional. Los de cabeza, me los
genera el gap encerrado en el texto.
Si se acepta lo que el sensato y conciliador Prange, hemos de concluir que el niño que grita que el emperador va desnudo sólo puede gritarlo cuando esté seguro de que con ello va a conseguir que el emperador se vista o que se disculpe o que abdique.
¡No me hagan reir! ¡Cualquier niño sabe que antes de gritar que el
emperador va desnudo lo primero que tiene que considerar seriamente es si sus
piernas son bastante rápidas para a continuación poner pies en polvorosa a tal
velocidad que nadie lo pueda atrapar!
Esto, que al parecer desconoce el sensato y conciliador Prange es una realidad real, a la que, sin embargo, cualquier niño de cualquier país y de cualquier tiempo, ha de hacer frente si quiere oponerse a la autoridad despótica de padres, maestros y similares. Lean, por ejemplo, lo que Brecht, y otros muchos autores de diferente tendencia política a la de Brecht, explican sobre los colegios.
Realmente, señor Prange ¿Cree usted, de verdad alguien lo cree, que es fácil atreverse a decir a la autoridad, a cualquier autoridad de cualquier lugar y tiempo que está equivocada?
¡Ni los mismísimos consejeros de esa autoridad se atreven! ¿Y usted, periodista, pretende aleccionar a sus lectores? ¿A quién está usted defendiendo con sus palabras? ¿A su canciller, por canciller? ¿al individuo Merz, por individuo? ¿O tal vez a la economía? Porque es cierto que Wohl-stand conviene a algunos en tanto en cuanto su existencia gsrantiza a esos algunos, gurús del bien-estar, "su" bien-estar. Estos es: el bien estar y no moverse del lugar y el estado en el que esos algunos se encuentran.
Que Sven Prange ignore la realidad, que la obvie o que simplemente pretenda disfrazarla me resulta indiferente. Lo que me molesta es que pretenda introducirnos en sus esquemas y convencernos de la racionalidad de unas estructuras que en absoluto lo son, aduciendo unos argumentos que, por muy tranquilamente que estén expuestos, (entendiendo por "tranquilamente" libre de emociones y por libre de emociones absolutamente racionales), no son más que falacias lógicas. Hora es de recordar que por más que las emociones sean nitroglicerina, no todas las emociones son destructoras y por más que las argumentaciones racionales se construyan desde la frialdad mental, no todas ellas están libres de falacias y de gaps.
A la hora de gritar la verdad, cualquier hombre adulto sabe a qué se arriesga. ¿Por qué si no creen ustedes que los hombres se agrupan, se alían, se unen o como ustedes quieran llamarle?
Entre una revuelta (o algarabía), una rebelion y una revolución existen grandes diferencias. Una revuelta (o algarabía) son incendios puntuales provocados por los inactivos y los vagos de mi lugar para conseguir permanecer echados en la cama, mientras los hombres trabajadores y esforzados se afanan por apagarlos antes de que el fuego se propague.
Una rebelión es la protesta justa y justificada de un grupo maltratado
El fin que toda revolución persigue se basa siempre en un cambio total en el Poder. O si ustedes lo prefieren, en una inversión en el Poder.
Es muy posible que Revuelta, Rebelión y Revolución, sean tres momentos de un mismo proceso o que, justo o no, tiene mucho de destructivo y poco de Reforma. Pese a ello, una cosa es cierta: en el origen de los orígenes del comienzo de ese proceso, antes incluso de que el proceso se haya iniciado, siempre existe, siempre, siempre, un niño que, en medio de una multitud de adultos racionales, se atreve a gritar con toda la fuerza de sus pulmones, de su laringe y de su alma: "¡El emperador va desnudo!"
Y luego, claro, ¡ a correr toca!
¿Saben ustedes la cantidad de veces que se castiga a un niño por decir la verdad? ¿por exponer una injusticia manifiesta? ¿Saben ustedes la cantidad de veces que un niño ha de llorar por ser desoído, vituperado y castigado por la autoridad de unos adultos que, por mortales, se equivocan y no se avienen a reconocer su error porque temen perder su autoridad?
Lo peor: la humillación que ha de sufrir el niño cuando aquellos adultos que defendían lo indefendible parapetados en la autoridad que su posición les otorga (y que han seguido defendiéndo toda su vida con una violencia cada vez más refinada y cruel), se acerquen a él una vez transcurrido el tiempo de castigo encerrado en la soledad de su habitación, emitiendo una voz tranquila, libre de emociones, le pregunten conciliadores, con una racionalidad tan dulce en el tono como fría en el corazón y pese a todo, falaz y engañosa: “¿Te ha servido de algo este sofocón? ¿Qué has conseguido con ello? Ay , qué ganas de pasarlo mal. Así lo único que consigues es crear mala atmósfera y darte un sofocón. Te lo digo por tu bien. Venga, sal y cena.”
Hubo un tiempo en que consiguieron que muchos niños callaran. Por un lado, esos niños, en efecto, tenían otras cosas más importantes de las que ocuparse; por otro, a qué negarlo, todos aquellos infantes buscaban el reconocimiento y la alabanza de esos caracteres. Hubo un tiempo incluso en el que creímos que en efecto era por nuestro bien, que éramos nosotros los deformados, los que adoleciamos de algún defecto de fabricación que se hacía necesario reparar. Así fue como muchos de esos niños se habituaron a obedecer y a callar.
A ese silencio le denominaban unos adultos “madurez” y otros “sensatez”. Al día de
hoy, yo lo llamo estupidez supina.
El silencio de los corderos ayudó a los pederastas
El silencio de las mujeres ayudó a los Epstein de este mundo.
El silencio de los oprimidos es el que mantiene a las dictaduras.
El silencio de los silenciados atruena en los cementerios.
Mi punto: Es posible que gritar las equivocaciones y las injusticias de los
que ejercen la autoridad no sirva de nada; es posible que escribirlo, sin tan
ni siquiera gritar, nos obligue a pagar una multa, ir a la cárcel, o qué sé yo.
Pero desde luego una cosa es absolutamente segura: el silencio beneficia
siempre a esa autoridad que se equivoca además de convertirnos a nosotros en
seres débiles y resignados a la aceptación de una autoridad que, justo porque
es mortal, se equivoca.
En tiempos en los que se está diciendo a las mujeres que se liberen, que se
empoderen, que luchen por sus derechos, se dice a la sociedad que calle cuando su
canciller se equivoca al utilizar una expresión que es, a todas luces, una
expresión sumamente desafortunada. (Y luego explicaré por qué lo es)
Que esto lo ignore un periodista, me asombra. Que ese periodista, además,
se atreva a publicar en la editorial de una prestigiosa revista económica, un
artículo imbuido del tono arrogante del que achaca a la indignación del otro, ( la justa indignación del otro, todo hay que decirlo), la causa del malestar social, me asombra. Que Prange intente apaciguar, “desescalar” es lo que, estoy segura que afirmará Prange en su círculo que él Prange hace, apelando a falsos argumentos que él, Prange, pretende rebozar de racionalidad apoyándose en trasnochados métodos, me causa grandes dolores de cabeza.
Prange quiere “desescalar”, apaciguar, a base de declarar a ese ciudadano niño, un niño que no es capaz de pensar correctamente porque tiene un remolino de indignación, Prange quiere desescalar ese remolino de indignación de ese ciudadano al que él, Prange, declara ciudadano niño, que la autoridad es la autoridad y que contra eso no se puede hacer nada y que además hay cosas más importantes que resolver.
Miro la imagen impresa de ese periodista junto a su artículo. Lo que siento
no es enojo. Es una pena infinita. Después de haber vivido en este país tantos años,
me atrevería a asegurar que ese periodista reproduce en su artículo lo mismo
que sus padres, sus maestros y la autoridad que le rodeaba le decían de niño a
él y, claro, también, al indignado de turno, cuando ese indignado de turno estaba
situado a juicio de dicha autoridad en un nivel inferior dentro de la escala
social. Ese razonamiento se basa en. “Nada de lo que hagas o digas podrá conseguir
que te escuchemos. Nada de lo que hagas o digas podrá lograr que aceptemos que
estamos equivocados. Mejor cálmate y haz tus deberes para el colegio. Mejor
cálmese y vuelva a sus quehaceres, y déjenos a nosotros seguir ejerciendo la autoridad que nuestra posición nos otorga ejercer.”
El periodista repite lo que ha escuchado toda su vida de esa autoridad. Una autoridad que
camina desnuda sin ni siquiera percatarse ni desear percatarse.
Ustedes, claro, no saben de qué estoy hablando.
Para explicarlo lo más correctamente posible he de recordarles que cualquier
obra de teatro que se precie tiene tres actos: Inicio, desarrollo o nudo y
desenlace.
Primer Acto:
El señor Merz entra en escena e introduce el tema principal de la obra suavemente:
“Stadtbild”
“Bei einem in Brandenburg sagte
er am Dienstag, bei der Migration habe seine Regierung viel erreicht und die
Zahlen der neuen Asylanträge von August 2024 auf August 2025 um 60 Prozent
reduziert. Dann fügte er hinzu. „Aber wir haben natürlich immer im Stadtbild
noch dieses Problem und deswegen ist der Bundesinnenminister ja auch dabei, jetzt
in sehr großen Umfang auch Rückführen zu ermöglichen und durchzuführen.“ (Citado
de Tagesschau 24 live. Standt
17.10.2025 11:38 Uhr. Eine Analyse von Belinda Grasnick)
En español elegante, lo menos que se puede decir de la utilización del
término “Stadtbild” por parte del canciller Merz es que se trata de “una
expresión sumamente desafortunada”. Básicamente porque “Stadtbild” se refiere a
Bild, a Imagen, a apariencia e incluso a foto. Y una expresión semejante,
cuando viene del canciller de una nación plural, abre grandes interrogantes. Compréndanme:
no se trata de un particular expresando sus ideas en la taberna de Facebook o
similares. Se trata del canciller de la Nación.
Seamos sinceros: uno no puede saber quién tiene buenas intenciones y quién no. Consiguientemente, en la vida diaria solemos atender al consejo de nuestra intuición, y ésta, que no dispone ni de tiempo ni de recursos para desarrollarse adecuadamente, suele, a su vez, regirse por los prejuicios de la imagen que tenemos ante nosotros. En la obra
de Jacinto Benavente, “Los intereses creados”, el sabio criado aconseja a su amo,
un noble arruinado, que se desprenda de todos sus bienes excepto de las buenas
ropas que tiene. No se equivoca: gracias a las buenas ropas, el noble arruinado
consigue crédito, posada y, si la memoria no me falla, incluso un buen
matrimonio. Las apariencias de los unos dictan a los otros quienes esos unos son.
Con la expresión “Stadbild” en el contexto en el que lo estaba diciendo, el
canciller abrió la caja de los truenos. No digo, en absoluto, que fuera Merz
quien creara la caja. La caja de los truenos estaba. Pero la abrió. Ni siquiera
digo que fuera Merz el primero en abrirla. Muchos antes que él la han abierto.
Pero cuanto más se abre, peor se cierra. Ése es un problema. El otro: que no es
la primera vez que el señor Merz la abre. Lo hizo cuando introdujo la palabra “pachá”,
y lo volvió a hacer cuando se quejó de lo llenas que estaban las consultas de los
dentistas a causa de los solicitantes de asilo en Alemania. “Auch die
Bevölkerung, die werden doch wahnsinnig, die Leute. Wenn die sehen, dass
300.000 Asylbewerber abgelehnt sind, nicht ausreisen, die vollen Leistungen
bekommen, die volle Heilfürsorge bekommen. Die sitzen beim Arzt und lassen sich
die Zähne neu machen, und die deutschen Bürger nebendran kriegen keine Termine.“
(Citado de Tagesschau 24 live. Stand 28.09.
2023. 15:24 Uhr)
Esto, demagógico a todas luces, lo dijo cuando todavía no era canciller,
pero quería serlo. No nos detendremos en ello más de lo necesario. La
desafortunada expresión “Stadtbild” , en cambio, la ha proferido siendo ya la
máxima autoridad de la República Federal Alemana.
Es desafortunada porque con ella aflora a la luz lo que desde hace décadas, con razón o sin razón, es vox populi en las calles: Dependiendo del aspecto se sacan mejores o peores notas en el colegio; según el aspecto a algunos haraganes se les ríen las ocurrencias que inventan para librarse de trabajar y se les alaba el ingenio y la gracia innata que, aceptémoslo, suelen poseer, mientras que otros son calificados como “Pachás”; que es el aspecto el que decide que uno sea mejor o peor atendido en las tiendas; que es en función del aspecto como se decide en la sala de espera del hospital, o de la consulta del médico quién está realmente enfermo, y quiénes exageran e incluso fingen.
Pero además la expresión "Stadtbild" genera en una gran parte de la población alemana la sensación de que lo que el canciller Merz desea es que ése "Stadtbild" sea una "Familienbild".
No estoy afirmando que esas sean las pretensiones del canciller Merz, ni mucho menos. Estoy afirmando que esos son los miedos, la desconfianza, la sospecha, la inquietud que su palabra provoca en una gran parte de la población del país que él, Merz, en estos momentos gobierna.
Merz debería haber comprendido el motivo real de la irritación de una amplia parte de su población. En vez de enrocarse en sí mismo, sobre sí mismo, deberia haber pensado en la sociedad que no sólo gobierna, sino a la que también sirve. En vez de acudir a ese igualmente trasnochado "ich bin ich", porque ni siquiera un muerto puede afirmar"ich bin ich", puesto que el individuo es un ser siendo, "ein seiendes ich", debería haber reflexionado en las consecuencias de sus palabras. La sociedad alemana no es una extensión de su salon, de su tradicional "Stube". La sociedad alemana es compleja, plural y diversa.
¿Algún punto positivo?
En mi opinión, sí.
Israelíes y Palestinos han estado luchando en el Próximo
Oriente. Mientras ellos luchaban allí, aquí en Europa unos europeos tomaban parte por
unos y otros europeos por otros. Al final había dos enfrentamientos paralelos: el de los
palestinos e israelíes, allí; el de los europeos contra los europeos a causa
del enfrentamiento entre los palestinos e israelíes, aquí.
De repente, la palabra mágica: “Stadtbild”, expresada por boca del canciller Merz, ha traído a todos a la realidad real: judíos, árabes, españoles, griegos, portugueses, italianos, turcos, todos salen en el Stadbild que a tantos molesta e irrita. La diferencia, de repente, no es entre inmigrantes ilegales e inmigrantes legales; la diferencia no era entre tener un trabajo y no tenerlo; la diferencia no era entre ser un buen ciudadano y ser un mal ciudadano. No.
La cuestión abierta era: ¿Quiénes deben “desaparecer” del “Stadtbild” para
que el “Stadtbild” sea el deseado “Stadtbild”, o sea la "Familienbild" ?
Al canciller Merz le hubiera resultado tan fácil apaciguar los ánimos, señor Prange, tan
fácil...
Hubiera bastado con que el canciller Merz hubiera dicho: “En el Stadbild de
la República Federal alemana caben y son bienvenidos todos aquellos hombres, mujeres y niños que
aceptan los principios alemanes y occidentales basados en la pluralidad, en la
libertad basada en el respeto, en la tolerancia religiosa, en el diálogo, en el
consenso, en la igualdad entre hombres y mujeres. Aquellos emigrantes no
alemanes que no acepten estos principios pueden ir haciendo sus maletas. Y es altamente recomendable y aconsejable que el resto de los alemanes que viven en Alemania, empiecen a recordar los principios en los que se
asienta esta su nación, nuestra nacion, porque les va a hacer falta.
Pero el canciller Merz calló.
Como si su autoridad fuera suficiente para vestirlo y resguardarlo de la
lluvia.
Eso fue el primer acto.
Segundo acto: el nudo.
En vez de ofrecer algún tipo de explicación a tan desafortunada expresión “Stadtbild”,
el canciller Merz, avivó los ánimos incendiados con aquella pregunta: “Fragen
sie mal Ihre Töchter”.
Y bueno, la nación preguntó a sus hijas. Y las hijas contestaron lo que de las experiencias de sus
madres y de las generaciones de mujeres anteriores a sus madres habían sacado
en claro y que básicamente se resume en lo que ya cantó el grupo “Die Ärzte”: "Männer sind Schweine."
¿Qué otra cosa pueden contestar hijas que han visto a sus madres gritando “Me
too”? ¿Qué otra cosa pueden contestar hijas que han conocido las perversidades
de los Epsteins de este mundo y se van enterando, gota a gota, hasta que niveles ha llegado la sexualización de la mujer? ¿Qué otra cosa pueden contestar
las hijas de esas madres que han visto cómo sus madres han aguantado de sus maridos, grandes cargos en
grandes empresas nacionales, orgías más propias de emperadores romanos que de
nuestro tiempo? Silencio por el foro ¿Qué otra cosa pueden contestar las hijas de esas madres que se quejan de
que en las películas occidentales las mujeres occidentales eran expuestas como
si fueran poco menos que ninfómanas, ávidas siempre de hombres? ¿Qué otra cosa
puede contestar hijas que han visto a sus madres preparar Käse Kuchen todos los
Domingos para contentar a su maridito porque si el maridito no estaba contento
podía ser que dejara a su esposa por la vecina, más amable o más joven? ¿Qué
pueden decir esas hijas de sí mismas que combinan el feminismo que el sistema
laboral necesita con una ansiedad tremenda por tener novio, lo cual les obliga
a soportar a novios imposibles porque en sociedad no está bien visto tener una
determinada edad y no tener pareja? ¿Qué pueden decir esas hijas cuando lo
primero que han de vigilar es que en su grupo de amistades no haya ninguno que
se dedique a ponerles gota ko en las bebidas sin que ellas lo noten? En fin,
las hijas dicen que sí: que los que tienen aspecto árabe, moreno, o como ustedes
quieran llamarle, son peligrosos. Pero no más peligrosos que los otros hombres
de este mundo.
Eso dicen las hijas de esas madres. Y a continuación esas hijas van a
manifestarse porque no desean ser utilizadas por nadie. Ni por el canciller
alemán.
No sirve de mucho. No sirve de nada. ¿Prange dixit?
Lo que el canciller Merz ha conseguido con sus palabras, seguramente sin ni
siquiera pretenderlo, seguramente repitiendo lo que es vox populi en su acogedor Stube y por eso
convencido de que no iba a pasar nada, el canciller Merz ha declarado la polarización
social en función del aspecto occidental/no occidental. Las peluquerías se van
a volver a llenar con clientes que quieren teñirse de rubio y en las ópticas va
a incrementarse el pedido de lentillas de color verde y azul.
A la polarización Rico/pobre, hombre/mujer, viejo/joven, ilustrado/libertario-comunitarista, occidente/Oriente, energía renovable/ energía atomica, coches eléctricos/coches de combustion, democracia/dictadura, ateo/religioso, cristiano/musulmán, se une ahora la polarización mediterráneo/ nórdico.
Y de repente judíos, palestinos, turcos, árabes, españoles, portugueses, griegos, italianos e incluso franceses del sur tienen la sensación de que han vivido una ilusión pensando que pueden estar en un Stadtbild cuando en ese Stadt lo que se desea es un Familien Bild.
Y la pregunta peligrosisima que se respira en el ambiente sin que el canciller Merz, parapetado en su autoridad, en el calor de su Stube, o en ese trasnochado "ich bin ich", no podemos determinarlo, (el canciller no lo explica y nosotros no tenemos el don de la ciencia infusa) parezca percatarse del riesgo de esa pregunta: ¿Han de constituir los pueblos del mediterráneo una fuerza semejante y anterior a la del occidente de los países del norte?
Tercer Acto. Desenlace
Es muy posible que alguien, cercano al canciller, alguien que, desde luego no es Sven Prange, se haya acercado al canciller para alertarle de la pregunta que se está formando en el exterior de su Stube.
Quizás el canciller mismo haya abierto su ventana y haya percibido los negros nubarrones que empiezan a formarse.
El canciller Merz no habla. El canciller Merz lee lo que tiene delante. Y el
contenido concretiza lo que él, Merz, quiere significar con „Stadtbild”.
Tarde. A qué negarlo. De haberlo hecho antes hubiera podido ahorrar grandes
emociones: heridas, miedos y resentimientos de unos y otros se hubieran
apaciguado.
Bundeskanzler Merz hat erstmals seine
Stadtbild-Aussage präzisiert: Gemeint seien Einwanderer ohne Aufenthaltsrecht
und Arbeit, die sich nicht an Regeln hielten. Deutschland brauche jedoch
Zuwanderung für den Arbeitsmart. (Citado „Kontroverse über Äußerungen des
Kanzlers. Merz Konkretisiert sein „Stadtbild. 22.10.2025 20:58 Der Spiegel
FIN
REACCIONES DEL PÚBLICO
La publicada y celebrada en los periódicos ha sido que la mayoría está de
acuerdo con las palabras de Merz, según ha hecho una encuesta.
Las preguntas bombardean mi cerebro
1.
¿A
qué declaraciones se refieren esas encuestas cuando dicen que están de acuerdo
con lo que Merz sostiene? ¿A lo que dijo en el primer acto, lo que preguntó en
el segundo, o lo que explicó en el tercer acto?
2.
¿Si
las declaraciones con las que esos encuestados se declaran de acuerdo se
refieren a lo que Merz afirmó en el Primer Acto, significa eso que Merz tiene
razón o que el racismo de la población alemana es notorio y manifiesto y que, consiguientemente,
debe esperarse una victoria del Afd así como una marcha de los conservadores a
posiciones más conservadoras?
Pero la pregunta más difícil, la más complicada, es la de que si aceptamos el
argumento de Sven Prange según el cual debemos olvidar la indignación y
concentrarnos en los problemas actuales de la industria alemana, en la cual
incluso las sólidas empresas familiares están sufriendo grandes descalabros y,
consiguientemente, están reestructurando la plantilla de personal a base de jubilaciones
anticipadas, cierre de puestos de trabajo, etc, Merz esté declarando que se
necesita inmigración.
¿Tiene algo positivo esto`?
Sí.
Esta vez no serán los “mediterráneos” los indignados.
Esta vez los indignados van a ser los mediterráneos asentados Y los alemanes asentados.
Ver peligrar los puestos de trabajo y que a alguien le de por decir que se necesita mano de obra del exterior genera grandes tormentas emocionales en el interior. Tormentas hipohuracanadas y no únicamente remolinos de indignados, como dice Prange en su artículo. Y ello porque lo que todos los trabajadores europeos en este momento sospechan es que los dueños de las industrias quieren recortar costes abaratando la mano de obra y ello sóloes posible si la oferta de mano de obra es tan numerosa que esa mano de obra está dispuesta a renunciar a sus derechos, siguiendolas consignas de que protestar no sirve de nada y que hay que rendir al máximo para mantener los beneficios de la empresa y con ello el puestode trabajo. La mano de obra sabe que si consiguen sustituirla a través de robots y de Inteligencia Artificial, lo harán. Esos industriales amenazan incluso con sustituir a los manager. “Und plötzlich werden auch Führungskräfte ersetzbar” Gute Algorithmen beherrschen selbst die Königsdisziplin von Topmanagern. Das reizt Unternehmen zu radikalen Sparmaßnahmen an. Eine Kombination von zwei Kompetenzen dürfte überleben.“ (Citado de Handelsblatt. Milena Merten, Franziska Telser, Claudia Obmann und Christoff Kerkmann 24.10.2025 9:27 Uhr aktualisiert)
A ver qué se le ocurre esta vez al conciliador desescalador Sven Prange.
Porque lo curioso es que ese artículo ha aparecido en el Handelsblatt de hoy,
igual que su editorial.
Y si todo esto sucede, puede que incluso antes de que ésto suceda, quien tendrá que hacer frente a la situación que se generará en la sociedad no serán esos industriales. Será el canciller!
Esos industriales que están seguros de formar parte del "Stadtbild" son los que abandonan Alemania para dar las lentejas a otros países, cocinar las lentejas a otros países. Y después de que esos países las han envasado, van esos industriales alemanes que se las dan de listos y compran a esos países las lentejas. Lentejas alemanas, cocinadas por alemanes, que los alemanes compran a otros países porque esos países tienen el derecho de propiedad porque los alemanes el resto de los europeos han cocinado en su territorio y porque ellos las han envasado. Y a eso se le ha llamado "win-win" y "Wandel durch Handel" y yo qué sé cuántas fórmulas racionales repletas de gaps más.
Y cuando finalmente esos industriales observan cómo desaparecen sus beneficios, sus lentejas y sus cocineros, piden ayuda a papá Estado porque mamá patria está inmersa en una crisis de identidad.
No sé si alguien va a comprenderme en el justo sentido de mis palabras.
La sociedad europea no soporta más polarizaciones, más malabarismos retóricos, mas juegos de poder, más fórmulas de marketing, más cancelaciones, más sentimientos laico-religiosos de culpabilidad por creer que lo suyo es un defecto de fabricación o de laboratorio. Las sociedades europeas no soportan más esa idea de que el que está enfermo lo está por su culpa o por Karma. Y tampoco quieren estar decidiendo constantemente entre calidad /cantidad, que es otra polarización.
Lo que las sociedades europeas anhelan es sobriedad. Nüchternheit
Las sociedades europeas no soportan más una discusión sobre emigrantes sí o emigrantes no. Eso fue hace diez años, cuando mafias, intereses económicos, despertaban el sentido de la culpabilidad por crímenes que ninguno de nuestra generación había cometido. Pero ese tiempo es tiempo pasado.
El tiempo presente es un tiempo de profunda crisis. Y la crisis exige resolver cómo pueden cohesionarse las sociedades
humanas sin que las guerras de allí provoquen guerras paralelas entre los ciudadanos
de aquí.
El tiempo presente y la crisis en la que está sumido exige resolver cómo pueden cohesionarse sociedades plurales
y diversas como son las sociedades europeas en este momento.
El tiempo presente y las sociedades europeas permiten resolver el problema de la inmigración ilegal, sacándola fuera del país; permite resolver el problema de la inmigración que delinque, expulsando a los criminales fuera del país.
Pero lo que el tiempo presente exige es saber cómo se va a resolvere la cuestión de una sociedad polarizada en tantas polarizaciiones distintas. Cada una de esas polarizaciones es una gotera en el tejado. Y yo, permítanme que exprese mi humilde, pero firme opinión, no creo que se logre ni con los principios comunitaristas ni con los libertarios, sino con los principios ilustrados: Montesquieu, Lessing.
Lo que el tiempo presente pide a gritos es que se resuelva el estado de miseria de la educación en lugares
donde la inmigración es mínima por no decir inexistente, cómo se puede resolver
que niños alemanes hijos, nietos y bisnietos de alemanes no dominan su idioma y
por qué muchos de la élite alemana juran y perjuran que prefieren hablar en
inglés que en alemán.
El tiempo presente exige resolver quién y quiénes se va a hacer cargo de la
crianza y educación de esos niños cuyos padres y madres están todo el día
trabajando porque la tónica imperante en las empresas es la de que esos padres
y esas madres estén allí, en la empresa, seis días a la semana durante diez
horas al día. Eso es al menos lo que se está planteando, después de haber
estado durante diez años predicando la necesidad de equilibrio entre vida
familiar y profesional y blablaba… Papá y mamá tienen que trabajar más, sí. Pero no porque
haya más trabajo, que ya nos ha quedado claro que no lo hay. Tienen que
trabajar más porque las empresas quieren contratar menos trabajadores. Y los
que quedan, si quieren quedarse, han de pasar por la rueda. ¿La del karma? ¡No,
hombre! ¡La rueda del sistema!
Algo falla una y otra vez: En cada declaración de intenciones, en cada expresión de la autoridad falta la alusión a los principios occidentales
No me pregunten por qué faltan.
Mi miedo: que para muchos se hayan convertido en los mismo que muchos se empeñan
en que sea Europa: en un constructo.
No necesitamos héroes.
No necesitamos constructos.
No necesitamos declaraciones.
Ni siquiera explicaciones.
Lo único que precisamos es una sociedad cohesionada hasta el punto de poder construir juntos un
modelo social que, con más pan o menos pan, permita el diálogo entre los distintos grupos.
No es la pobreza material lo que asusta a los europeos.
Es la miseria moral, intelectual y espiritual en todas las dimensiones cuánticas y en todos los mundos paralelos que se nos presentan.
Isabel Viñado Gascón
Me da igual que este artículo no sirva de nada.
Hay una mosca pesada que no me deja concentrarme. Escribir, pese a ese moscardón, es mi mayor satisfacción. Tan simple soy.