Generalmente no suelo titular ninguno de mis artículos con nombres de
personas. En realidad, no suelo indicar gran cosa acerca del contenido por la
sencilla razón de que en la mayor parte de las ocasiones los pensamientos se
van ordenando y estructurando a medida que escribo.
Si hoy hago una excepción, ello se debe a que es Michael Burry quien hasta cierto
punto me ha incitado a la reflexión.
No. No conozco a Michael Burry. A decir verdad, ni siquiera sé muy bien lo
que escribe en Twitter, X o como se quiera llamar, puesto que Blogspot es la
única red social a la que pertenezco, suponiendo que se pueda denominar red
social, que tampoco estoy muy segura.
De Michael Burry sé lo que casi todos saben: que anticipó el escenario de
2008. En este punto me gustaría hacer un inciso: lo cierto es que cualquier
persona sensata y en su sano juicio sabía lo que iba a pasar. La diferencia
entre los que lo sabíamos era que a Michael Burry su sensatez y su sano juicio
le hicieron ganar muchísimo dinero y otros lo más que logramos es que nuestros
amigos no perdieran demasiado. Sí. Lo confieso. Yo también veía lo que se
avecinaba. Pero nunca he comprado una acción y nunca la compraré. Otros son los
que pueden dedicarse al que consideran emocionante juego de las apuestas que se
celebra en la bolsa. El marido de Carlota es uno de ellos, pero, francamente, el
marido de Carlota vive en un mundo aparte al de los normales mortales como
nosotros, así que está bien que se dedique a asuntos que se desarrollan en
lugares ajenos al normal mundo de los normales mortales.
Jorge el tranquilo, tranquilamente siempre ocupado en sus asuntos importantes,
es el que tranquilamente empezó a interesarse por las acciones. En aquel tiempo
le avisé que considerar a las apuestas un asunto importante es siempre una gran
necedad. Una apuesta es un asunto importante sólo para los que se mueven dentro
del mundo de las apuestas, no para los que apuestan; para estos últimos el mundo
de las apuestas es un lugar ideal para tranquilamente hacer de una vida tranquila
una vida desquiciada.
No me creyó, claro. ¿Quién cree a una bruja?
Así que el tranquilo Jorge, invirtió tranquilamente gran parte de su dinero
en bolsa.
Y tranquilamente esperó que aquello iba a darle grandes beneficios.
Un año estuve avisándole de que un sistema en el que, cuando te acuestas habiendo
invirtiendo 100 y te levantas teniendo únicamente 90, porque los otros 10 se
los han llevado los gestores y las gestiones, no es un buen sistema. Pero el
tranquilo Jorge, tranquilamente optimista, replicó que, con las ganancias que
esperaba obtener, en un par de semanas se restablecería el equilibrio; lo que,
en efecto sucedió. Y no obstante, yo veía cómo se acercaban inexorables las
nubes negras que muy pocos parecían ver y menos inversores todavía se atrevían
a apuntar. Un año entero estuve suplicándole que se deshiciera de esos
valores. Un año completo. Incluso llamé a Paula Tierra, su esposa, a pesar saber
que, puesto que para ella Jorge Iranzo, es el dios de su vida y consciente de
que nunca nos ha perdonado ni a Carlota ni a mí que no lo veamos del mismo modo
en que ella ve al que para nosotras únicamente es el tranquilo Jorge, no le
diría nada, absolutamente nada; como así fue. Fue en aquel tiempo cuando clamaba
por los rincones aquello de “mi nombre es Casandra”, que todavía de vez en
cuando recordamos en nuestro encuentro anual.
En el último segundo del último instante, el tranquilo Jorge, sin embargo,
me hizo caso y tranquilamente liquidó todo su portfolio. (¿Se dice así?) Pueden
imaginarse que no era un portfolio a lo Michael Burry, pero lo liquidó y lo
liquidó a su manera: tranquilamente.
Una semana después la bolsa anotaba subidas considerables y yo temí que el
tranquilo Jorge tranquilamente dejara caer su justa y tranquila ira sobre mí.
Nada de eso sucedió.
Dos semanas más tarde, sin embargo, los hechos se precipitaron.
Muchos perdieron la casi totalidad de sus ahorros. Otros, gran parte. Lo
que se quedó en el camino fueron sus esperanzas.
El tranquilo Jorge tranquilamente celebró que sus ahorros entre subidas y
bajadas se hubieran quedado prácticamente como estaban al principio de esa
aventura. Perder, confesó tranquilamente, había perdido un poco de dinero, pero,
prosiguió el tranquilo Jorge, ese era el precio de la lección tranquilamente
aprendida: las grandes emociones no eran para él.
Fue al enterarme que Michael Burry se hacía llamar Casandra cuando se
despertó mi simpatía por él. El punto en común de los contrarios, ustedes ya saben.
Pues bien, ahora acabo de enterarme de que Michael Burry ha hecho una
apuesta contra las empresas de inteligencia artificial.
Una vez más, estoy de acuerdo con él. Eso sí: seguramente por motivos completamente
distintos a los suyos, puesto que nada más lejos de mi interés que el mundo de
las casas de apuestas y casinos, sean del tipo que sean.
Las razones que él aduce es que el éxito en bolsa de las empresas de inteligencia artificial, lo que muestra, en realidad, es la existencia de una burbuja. Como la burbuja tarde o temprano (y Burry apuesta a que más pronto que tarde) estallará, lo
mejor es quedarse tranquilamente quieto sin hacer nada.
A qué mentir: yo no llego tan lejos.
Michael Burry ve una burbuja; otros ven el apocalipsis; algunos ven un
reinicio.
Yo lo único que acierto a ver es un tsunami. O sea, un gran maremoto que probablemente
arrasará todo cuanto encuentre a su paso y que luego se retirará dejando un
gran escombro de ruinas y cadáveres, de los que los supervivientes habrán de ocuparse
adecuadamente.
¿A qué tsunami me refiero?
Al de la falta de electricidad.
Veamos: el 14.01. de 2026 a las 07:23, el periódico Handelsblatt
publica un artículo firmado por Martin Benninghoff, titulado “Wie
China das Strommnetz der Zukunft erfindet”, en el que se informa de que China
ya ha instalado 500.000 kilómetros de línea.
Díganme: ¿Creen ustedes, realmente lo creen que 500.000 kilómetros de línea
tendida por quién sea dónde sea es una noticia importante? No. Lo realmente
importante no son los 500.000 kilómetros de línea. Lo que es digno de admiración
es que China posea tanta energía, sea del tipo que sea, (esto es otra cuestión),
que le permita instalar todos esos kilómetros para transportarla de un lado a
otro, -lo cual también requiere de energía.
Leamos lo que se afirma en otro artículo firmado por Klaus Stratmann,
aparecido en el mismo periódico, el Handelsblatt, pero con un día de
antelación, el 13.01 de 2026, a las 16:51, titulado “Versorgungssicherheit.
Industrie spielt Gasmangellage durch”: “Die Gasspeicher leeren
sich, Unternehmen beobachten die Füllstände aufmerksam. Notfallpläne sollen die
Versorgung sichern. Der Bund erwartet keine Engpässe -und sieht andere in der
Pflicht.“
Éste y no otro es el problema: el problema de la energía. Y no, no para
calentar las casas de los ciudadanos; de lo que se trate es de que las empresas
sigan funcionando y funcionando, además, ahorrando en costes: tanto humano como
energético, a fin de que los beneficios se mantengan a flote.
¿Es únicamente el gas la fuente energética que genera problemas?
Me encantaría contestar que no; pero ustedes y yo sabemos que la cuestión
es mucho más seria. Hoy, 14.01 del 2026, a las 08:32, igualmente en el
periódico Handelsblatt, en un artículo firmado por Friederike
Hoffmann se asegura lo siguiente: “Frankreich saniert Atomkraftwerke –
und Deutschland profitierte.” Lo que a continuación sigue causa más
preocupación que alivio: “Mit Investitionen von 100 Milliarden Euro will
Frankreich seine Reaktoren für lange Laufzeiten fit machen. Das
wäre auch für Nachbarländer lukrativ. Einige Fragen sind aber noch zu klären.“
La primera pregunta que surge en mi mente, a falta de poder seguir leyendo
el artículo en el periódico, es a qué se refiere con que el tema podría ser
lucrativo para los otros países. Una posible respuesta podría ser que los países
vecinos van a venderle energía a Francia. Pero esto, habida cuenta de la
información acerca del gas, me resulta difícilmente creíble. Además, si, a
falta de gas, Alemania dispusiera de suficiente energía renovable, la tenencia
de gas no supondría un problema para su industria. La segunda respuesta es que
los países vecinos se beneficiarán haciéndose cargo de parte de las
reparaciones y del saneamiento. Esto, en el caso de Alemania, me parece fruto
de un gran optimismo, entre otras cosas porque Alemania hace años que
ha dejado el tema de la energía atómica. No obstante, es, en mi opinión, la respuesta
más factible que encuentro.
A la cuantía de energía que requiere la industria, sumen ustedes las
ingentes cantidades que precisa el mundo digital, mucho más con la aparición de
las criptomonedas. A eso hay que añadir, ahora, las enormes, inmensas proporciones
que necesitan los centro de datos para que la inteligencia artificial pueda
aprender correctamente y no a trompicones, que es lo que en este momento está
haciendo. Y por si este sombrío panorama no fuera bastante, agréguenle ustedes
actos vandálicos, terrorismo, guerras y terremotos.
Aceptemos la realidad: no hay bastante energía en este mundo para abastecer
a tantos. No la hay por más que los usuarios privados se queden a oscuras y sin
calefacción, hoy por una causa y mañana, por otra. No, no hay bastante energía.
Por este motivo no es de extrañar que algunos billonarios plus se planteen seriamente
la idea de instalar micro centrales atómicas en sus respectivos jardines, a fin
de satisfacer y de garantizar la fuente de energía que sus helicópteros, sus bunkers,
sus aviones privados, sus invernaderos, etc, necesitan.
Es posible que, en pequeños círculos, más bien circulitos, esto sea
factible. En el gran mundo de la casa de apuestas que es la bolsa, no.
¿Cuándo y cómo sucederá?
No lo sé. Pero sucederá.
Por este motivo estoy de acuerdo con Michael Burry, a pesar de que nuestros
motivos sean distintos y bien distintos, de que las empresas de la Inteligencia
Artificial, al igual que otras muchas empresas, se van a venir abajo. Al menos
en lo que a la casa de apuestas se refiere.
¿Qué es de todo lo que más me preocupa?
Después de haber visto películas como las de Frankenstein en casi todas sus
variaciones, lo que más me asusta, realmente me asusta son dos cosas: la
primera, la importancia que se le da a la sangre, al cambio, al centrifugado de
plasma sanguíneo, para curar enfermedades, conservar la juventud, etc. La
segunda, la constante repetición, repetición que más que repetición es monotonia,
mono-tonía, mono-tonía mántrica, mono-tonía letanía, se hace del hecho de que,
según se dice, el cerebro funciona por impulsos eléctricos. Es al recordar esto
cuando me despierto por las noches sudando en miedo, pensando que alguien está
utilizando los impulsos eléctricos de mi cerebro para encender la luz de su
fábrica.
Ya ven qué sueños los míos…
Isabel Viñado Gascón
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