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miércoles, 28 de octubre de 2015

Conjunción de planetas y Halloween. Los problemas crecen. Las soluciones, no.

Un indeterminado malestar, que también podría calificarse como cansancio espiritual o melancolía otoñal, invade mi alma desde hace algún tiempo. Ayer por la noche elevé mi mirada al cielo con la secreta esperanza de encontrar alguna respuesta en las estrellas pero en el firmamento de las ciudades modernas ya no quedan estrellas. Hoy he llamado a Carlota y ha sido su hija Verónica quien me ha cogido el teléfono. “Mamá duerme”, me ha susurrado.
Carlota duerme. Y yo ya sé por experiencia lo que significa ese “Carlota duerme”. Creo que ya lo he escrito alguna vez: Carlota es un hada y yo una bruja;  Carlota es una auténtica dama y yo el mulo dislocado en la plaza del mercado. A ella los placeres materiales no la conmueven; en cambio, a mi existencia le resultan más que suficientes. Carlota es el espíritu y yo la energía. Cuando la energía no fluye correctamente, se producen cortocircuitos.  Cuando el espíritu está fatigado, duerme. Y cuando el espíritu duerme, el mundo queda en silencio. Carlota se convierte en Persèfone y yo en su Demèter. Nada que hacer. Sólo cabe esperar, esperar con la angustia y el terror que siempre me invade al pensar que quizás esta vez Carlota decida no despertar, que tal vez prefiera permanecer en el mundo dionisiaco y no  regresar a la plataforma apolínea en la que permanecemos el resto de los mortales. Carlota duerme y yo padezco cortocircuitos. Una conjunción de estas características no puede significar nada halagüeño. 
Y el mayor problema de todos: no recuerdo que haya pasado anteriormente...

Pero no sé de qué me preocupo. Al fin y al cabo esta es la semana de las conjunciones arriesgadas. Sarcozy va a rendir pleitesía al cada vez más poderoso Putin y Merkel se dirige a visitar el país de la armonía de los contrarios: la comunista China cuyas estructuras económicas liberales padecían hace unas semanas de una grave infección renal pero que se ha recuperado en un tiempo alarmantemente rápido, hasta el punto de hacer negocios billonarios con Inglaterra en Inglaterra. Alemania no es Inglaterra. Por eso aunque sea la montaña la que vaya a Inglaterra es Alemania la que tiene que ir a la montaña.

Inglaterra tiene la mercancía financiera, Alemania la inteligentzia del continente europeo y China el dinero para invertir, el capital humano para producir barato y las fuerzas militares para invadir o al menos pasearse por territorios allende de los suyos.
Un, dos, tres ¿quién es más poderoso de los tres?

Un mundo extraño éste. Los líderes hablan, puede que incluso nombren en público los temas que abordarán durante el diálogo; el contenido del mismo, en cambio, es siempre confidencial o no lo bastante preciso para poder desvelar los resultados por la sencilla razón de que no hay resultados, o las partes no han llegado a un acuerdo – sin que sepamos a ciencia cierta cuál era el acuerdo al que se pretendía llegar - y será necesario convocar futuras reuniones, dicen, que por futuras serán, claro, triviales para el resto de los mortales. Cuando esas futuras reuniones se celebren el espectador y el hombre-masa Fuenteovejuna estarán ocupados en otros temas y no tendrán tiempo para ocuparse de nimiedades que se tratan a puertas cerradas. 

¿Quién tiene tiempo para ocuparse de las conversaciones de los políticos con otros políticos cuando la policía turca asalta las sedes de las redacciones disidentes turcas poco antes de las elecciones? ¿Quién tiene tiempo para interesarse por los interminables y nunca revelados diálogos entre los líderes políticos cuando uno se entera de las relaciones extramatrimoniales entre las finanzas rusas y el Deutsche Bank, y de los problemas que acucian al alemán VW y al ruso Gazprom? ¿A quién le importa los apretones de manos de dos encorbatados cuando el movimiento de la Pegida cuenta cada semana con más participantes y más simpatizantes aunque estos se queden en casa por falta de tiempo? ¿Cómo puede compararse la visita de un distentido Sarcozy a un amable Putin con los escándalos de la Fifa y del deporte en general que todos sospechaban, muchos conocían y de los que nadie se atrevía a hablar?

La gran pregunta, pregunta retórica, claro ¿la salida a la luz de los sucios negocios de los grandes consorcios empresariales, deportivos y bancarios es una casualidad o una hecatombe premeditada? ¿Se trata de una revisión de los usos mercantiles, al modo en que las amas de casa hacen limpieza general de su vivienda una vez al año, o se trata, más bien, de un ajuste de cuentas interno provocado por los insuficientes beneficios a repartir que, teniendo en cuenta la gravedad de la crisis, ya no alcanzan para todos?

Cataluña, inmersa en el escándalo de corrupción del siglo mientras se ocupa de llevar adelante el proceso separatista, segura de que dicho escándalo de corrupción obedece a estratagemas político-jurídicas del gobierno central,  recibe la invitación del vicepresidente francés de origen catalán para que el Barcelona juegue en la liga francesa. Eslovenia (creo que es Eslovenia) sopesa la posibilidad de pedir ayuda a los Estados Unidos en la cuestión de los refugiados al tiempo que alerta de una fractura en la unidad Europea. “¿Ahora se enteran de la desunión en Europa?”, pregunta el espectador somnoliente cuando escucha la noticia sentado en su sillón favorito. El moderador continúa su informe: “Los griegos no consiguen llevar adelante todas las reformas”. “¿Cabía esperar algo distinto?”, musita el espectador mientras se sumerge definitivamente en los brazos de Orfeo. Mientras el espectador ronca, los americanos se han decidido finalmente a enviar grupos de infantería a Siria. Esperemos que los rusos no los confundan con los enemigos a batir. El espectador aún no ha conseguido enterarse de si los americanos, los rusos, los turcos e incluso los saudíes son amigos o enemigos en este asunto. Se reunieron hace un par de semanas, sí. Ellos sabrán qué fue lo que dijeron. El espectador, desde luego, lo ignora. ¿Es cierto que también ha llegado un barco chino a visitar a sus amigos los rusos y preguntar de paso cómo les va en la región? Mi amigo Jorge culpa de todo el panorama a los rusos: los rusos tienen la culpa de desestabilizar Europa, los rusos tienen la culpa de que en la última semana se haya incrementado el número de refugiados. Otros, culpan a los Estados Unidos de lo mismo. El juego del momento parece ser el ping-pong, juego -por cierto- en el que los chinos siempre han despuntado.

Dires y diretes, lo que desde luego sí es cierto, es que las alianzas militares del momento son inestables y virtuales. Lo que en estos instantes sucede en Siria puede compararse con las preguntas que plantea el tema de la Luna: ¿Realmente ha pisado el hombre la Luna?  ¿está o no está habitada la Luna por selenitas? ¿Es la Luna un satélite natural o es una nave artificial, creada e incluso transportada por fuerzas alienígenas y misteriosas?

No lo sabremos hasta que nosotros mismos no vayamos a la Luna a comprobarlo. Pero ¿quién es el listo que se atreve y quién el guapo que además de atreverse puede realmente llegar hasta allí, observar la situación tranquila y serenamente y regresar a dar cuenta libremente de sus observaciones?

¡Aventureros del mundo, curiosos del planeta, teólogos de las teorías de la conspiración, desconfiados de la Tierra, espectadores deseosos de ser actores: Id y ved!

¡Id y ved vosotros!

Nosotros nos quedamos aquí comiendo perdices y siendo felices.

Al menos mientras podamos.

Los refugiados son muchos pero nosotros, les dice la señora Merkel a sus compatriotas bávaros, somos ochenta millones. La señora Merkel intenta tranquilizar a sus ciudadanos. No sé si lo ha conseguido.

Lo que sí, en cambio, me ha parecido ver mientras la señora Merkel hablaba de cifras de hombres es la extraña sonrisa que ha asomado en los rostros de los maltusianos, ésos a los que apenas se les nombra justamente porque de todos los grupos ocultos, ellos son los más peligrosos.

Unos días después, que son también, unos pocos días antes de Halloween, leemos una noticia aterradora, quizás para “crear” atmósfera: la carne y el embutido provocan cáncer.
Historias terroríficas para ambientar, como digo, la fiesta de Halloween que yo nunca he comprendido, no comprendo y me niego a comprender. Es una cuestión de principios. El 31 de Octubre es el día de la Reformación: el día en que Lutero, en el año 1517, se atrevió a clavar en una de las iglesias de Wittenberg sus 95 Tesis en contra de las indulgencias. Dejar en este día salir a los monstruos y a los fantasmas del averno me parece cosa de poco gusto y menos gracia. En cualquier caso, las nuevas conclusiones científico-políticas-económicas acerca de la carne no impresiona al recién despertado espectador, que ya ha tenido ocasión de constatar que los alimentos, sean éstos de la naturaleza que sean: vegetal, animal o industrial, contienen sustancias tóxicas y venenosas. A ver, contesten, pregunta en tono socarrón “¿de qué murió Steve Jobs? De cáncer. El hombre que sólo se alimentaba de frutas y unas pocas verduras murió de cáncer.” Y antes de recibir respuesta alguna, sin tan siquiera esperarla, el espectador vuelve a sumirse en el sueño. El espectador tiene razón por más que muchos se empeñen en olvidar y hacer olvidar “matrimonio y mortaja del cielo bajan”. Unos acuden a las agencias matrimoniales y otros a las dietas más sanas inimaginables. Pero el cielo, con estrellas o sin estrellas, sigue siendo el cielo con ese, además, característico sentido del humor suyo que tanto molesta a los representantes del Orden Universal, hasta el punto de prohibir que se hable del mismo y castigar a aquél que se atreva a mencionarlo.

Sea como fuere, la cuestión no es la de si la carne provoca o no cáncer. Admitámoslo.

El problema es el agua. Cuantos más animales, más agua. No hay más remedio que reducir el consumo de carne para reducir el número de animales, sin que el consorcio de ganaderos se siente atacado en sus intereses. Es preferible que sea la ley de la oferta y la demanda la que regule la situación, en vez de que sean las leyes estatales las que se vean obligadas a hacerlo. Y es que los gobiernos no saben cómo hacer frente a dos problemas en los que “a” es “a” pero se intentan buscar soluciones diferentes para que al problema “a” que es “a” se resuelva por un lado “no a” y por el otro, “sí a”. 

Entendámonos “la falta de agua” es “carencia de agua”. Pero “utilizar el agua de que se dispone para esto” no es lo mismo que “utilizar el agua de que se dispone para eso”.

Por un lado hay que reducir el número de animales. ¿Será por eso que los cazadores americanos han matado cerca de trescientos osos dos días después de haberse abierto la veda, por lo cual ha habido nuevamente que cerrarla antes de lo previsto?

Por otro, China, el país de la armonía de los contrarios, ha decidido apoyar el fracking, sistema que precisa de gran cantidad de agua, en el "país del bien y del mal y de los Apocalipsis". ¿Por qué precisamente los chinos, que últimamente sospecho no deben dar a basto para ocuparse de tantos interesados en sus inversiones, han decidido ocuparse del fracking americano?

La conclusión a este conflicto no podría ser más paradójica: Los cubos empiezan a resultar insuficientes para hacer frente a las innumerables vías de agua que presenta el Titanic-Mundo.

El espíritu duerme.

Yo sufro de cortocircuitos.

La bruja ciega.


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