Un indeterminado malestar,
que también podría calificarse como cansancio espiritual o melancolía otoñal,
invade mi alma desde hace algún tiempo. Ayer por la noche elevé mi mirada al
cielo con la secreta esperanza de encontrar alguna respuesta en las estrellas
pero en el firmamento de las ciudades modernas ya no quedan estrellas. Hoy he
llamado a Carlota y ha sido su hija Verónica quien me ha cogido el teléfono. “Mamá
duerme”, me ha susurrado.
Carlota duerme. Y yo ya sé por experiencia lo que significa ese “Carlota
duerme”. Creo que ya lo he escrito alguna vez: Carlota es un hada y yo una
bruja; Carlota es una auténtica dama y
yo el mulo dislocado en la plaza del mercado. A ella los placeres materiales no
la conmueven; en cambio, a mi existencia le resultan más que suficientes.
Carlota es el espíritu y yo la energía. Cuando la energía no fluye correctamente,
se producen cortocircuitos. Cuando el
espíritu está fatigado, duerme. Y cuando el espíritu duerme, el mundo queda en
silencio. Carlota se convierte en Persèfone y yo en su Demèter. Nada que hacer.
Sólo cabe esperar, esperar con la angustia y el terror que siempre me invade
al pensar que quizás esta vez Carlota decida no despertar, que tal vez prefiera
permanecer en el mundo dionisiaco y no regresar a la plataforma apolínea en la que
permanecemos el resto de los mortales. Carlota duerme y yo padezco
cortocircuitos. Una conjunción de estas características no puede significar
nada halagüeño.
Y el mayor problema de todos: no recuerdo que haya pasado anteriormente...
Pero no sé de qué me preocupo.
Al fin y al cabo esta es la semana de las conjunciones arriesgadas. Sarcozy va
a rendir pleitesía al cada vez más poderoso Putin y Merkel se dirige a visitar
el país de la armonía de los contrarios: la comunista China cuyas estructuras
económicas liberales padecían hace unas semanas de una grave infección renal
pero que se ha recuperado en un tiempo alarmantemente rápido, hasta el punto de
hacer negocios billonarios con Inglaterra en Inglaterra. Alemania no es
Inglaterra. Por eso aunque sea la montaña la que vaya a Inglaterra es Alemania
la que tiene que ir a la montaña.
Inglaterra tiene la
mercancía financiera, Alemania la inteligentzia del continente europeo y China
el dinero para invertir, el capital humano para producir barato y las fuerzas
militares para invadir o al menos pasearse por territorios allende de los suyos.
Un, dos, tres ¿quién es más
poderoso de los tres?
Un mundo extraño éste. Los líderes hablan, puede
que incluso nombren en público los temas que abordarán durante el diálogo; el
contenido del mismo, en cambio, es siempre confidencial o no lo bastante preciso para poder desvelar
los resultados por la sencilla razón de que no hay resultados, o las partes no
han llegado a un acuerdo – sin que sepamos a ciencia cierta cuál era el acuerdo
al que se pretendía llegar - y será necesario convocar futuras reuniones, dicen, que
por futuras serán, claro, triviales para el resto de los mortales. Cuando esas futuras reuniones se celebren el espectador y el
hombre-masa Fuenteovejuna estarán ocupados en otros temas y no tendrán tiempo
para ocuparse de nimiedades que se tratan a puertas cerradas.
¿Quién tiene tiempo para ocuparse
de las conversaciones de los políticos con otros políticos cuando la policía turca asalta las sedes de las redacciones disidentes turcas poco antes de las elecciones? ¿Quién
tiene tiempo para interesarse por los interminables y nunca revelados diálogos entre los líderes políticos cuando uno se
entera de las relaciones extramatrimoniales entre las finanzas rusas y el
Deutsche Bank, y de los problemas que acucian al alemán VW y al ruso Gazprom? ¿A quién le importa los apretones de manos de dos encorbatados
cuando el movimiento de la Pegida cuenta cada semana con más participantes y
más simpatizantes aunque estos se queden en casa por falta de tiempo? ¿Cómo
puede compararse la visita de un distentido Sarcozy a un amable Putin con los escándalos de la Fifa
y del deporte en general que todos sospechaban, muchos conocían y de los que
nadie se atrevía a hablar?
La gran pregunta, pregunta retórica, claro ¿la
salida a la luz de los sucios negocios de los grandes consorcios empresariales,
deportivos y bancarios es una casualidad o una hecatombe premeditada? ¿Se trata
de una revisión de los usos mercantiles, al modo en que las amas de casa hacen limpieza general de su vivienda una vez al año, o se trata, más bien, de un ajuste de cuentas interno provocado por los insuficientes beneficios a
repartir que, teniendo en cuenta la gravedad de la crisis, ya no alcanzan para
todos?
Cataluña, inmersa en el escándalo de corrupción del siglo mientras se ocupa de llevar adelante el proceso separatista, segura de que dicho escándalo de corrupción obedece a estratagemas político-jurídicas del gobierno central, recibe la invitación del vicepresidente francés de origen catalán para que el Barcelona juegue en la liga francesa. Eslovenia
(creo que es Eslovenia) sopesa la posibilidad de pedir ayuda a los Estados
Unidos en la cuestión de los refugiados al tiempo que alerta de una fractura en
la unidad Europea. “¿Ahora se enteran de la desunión en Europa?”, pregunta el espectador somnoliente
cuando escucha la noticia sentado en su sillón favorito. El moderador continúa
su informe: “Los griegos no consiguen llevar adelante todas las reformas”. “¿Cabía
esperar algo distinto?”, musita el espectador mientras se sumerge
definitivamente en los brazos de Orfeo. Mientras el espectador ronca, los
americanos se han decidido finalmente a enviar grupos de infantería a Siria. Esperemos
que los rusos no los confundan con los enemigos a batir. El espectador aún no
ha conseguido enterarse de si los americanos, los rusos, los turcos e incluso
los saudíes son amigos o enemigos en este asunto. Se reunieron hace un par de
semanas, sí. Ellos sabrán qué fue lo que dijeron. El espectador, desde luego,
lo ignora. ¿Es cierto que también ha llegado un barco chino a visitar a sus
amigos los rusos y preguntar de paso cómo les va en la región? Mi amigo Jorge culpa de todo el panorama a los rusos: los rusos tienen la culpa de desestabilizar Europa, los rusos tienen la culpa de que en la última semana se haya incrementado el número de refugiados. Otros, culpan a los Estados Unidos de lo mismo. El juego del momento parece ser el ping-pong, juego -por cierto- en el que los chinos siempre han despuntado.
Dires y diretes, lo que
desde luego sí es cierto, es que las alianzas militares del momento son inestables y virtuales. Lo
que en estos instantes sucede en Siria puede compararse con las preguntas que
plantea el tema de la Luna: ¿Realmente ha pisado el hombre la Luna? ¿está o no está habitada la Luna por
selenitas? ¿Es la Luna un satélite natural o es una nave artificial, creada e incluso transportada por fuerzas alienígenas
y misteriosas?
No lo sabremos hasta que nosotros mismos no vayamos a la Luna a comprobarlo. Pero ¿quién es el listo que se atreve y
quién el guapo que además de atreverse puede realmente llegar hasta allí, observar la situación tranquila y serenamente y regresar a dar cuenta libremente de sus observaciones?
¡Aventureros del mundo,
curiosos del planeta, teólogos de las teorías de la conspiración, desconfiados
de la Tierra, espectadores deseosos de ser actores: Id y ved!
¡Id y ved vosotros!
Nosotros nos quedamos aquí comiendo perdices y
siendo felices.
Al menos mientras podamos.
Los refugiados son muchos pero nosotros, les dice la
señora Merkel a sus compatriotas bávaros, somos ochenta millones. La señora Merkel intenta tranquilizar a
sus ciudadanos. No sé si lo ha conseguido.
Lo que sí, en cambio, me ha parecido ver mientras
la señora Merkel hablaba de cifras de hombres es la extraña sonrisa que ha
asomado en los rostros de los maltusianos, ésos a los que apenas se les nombra
justamente porque de todos los grupos ocultos, ellos son los más peligrosos.
Unos días después, que son también, unos pocos
días antes de Halloween, leemos una noticia aterradora, quizás para “crear”
atmósfera: la carne y el embutido provocan cáncer.
Historias terroríficas para ambientar, como digo,
la fiesta de Halloween que yo nunca he comprendido, no comprendo y me niego a
comprender. Es una cuestión de principios. El 31 de Octubre es el día de la Reformación:
el día en que Lutero, en el año 1517, se atrevió a clavar en una de las
iglesias de Wittenberg sus 95 Tesis en contra de las indulgencias. Dejar en
este día salir a los monstruos y a los fantasmas del averno me parece cosa de
poco gusto y menos gracia. En cualquier caso, las nuevas conclusiones
científico-políticas-económicas acerca de la carne no impresiona al recién despertado espectador, que ya ha tenido ocasión de constatar que los alimentos, sean éstos de la
naturaleza que sean: vegetal, animal o industrial, contienen sustancias tóxicas
y venenosas. A ver, contesten, pregunta en tono socarrón “¿de qué murió Steve
Jobs? De cáncer. El hombre que sólo se alimentaba de frutas y unas pocas
verduras murió de cáncer.” Y antes de recibir respuesta alguna, sin tan
siquiera esperarla, el espectador vuelve a sumirse en el sueño. El espectador tiene razón por
más que muchos se empeñen en olvidar y hacer olvidar “matrimonio y mortaja del
cielo bajan”. Unos acuden a las agencias matrimoniales y otros a las dietas más
sanas inimaginables. Pero el cielo, con estrellas o sin estrellas, sigue siendo
el cielo con ese, además, característico sentido del humor suyo que tanto
molesta a los representantes del Orden Universal, hasta el punto de prohibir
que se hable del mismo y castigar a aquél que se atreva a mencionarlo.
Sea como fuere, la cuestión no es la de si la
carne provoca o no cáncer. Admitámoslo.
El problema es el agua.
Cuantos más animales, más agua. No hay más remedio que reducir el consumo de
carne para reducir el número de animales, sin que el consorcio de ganaderos se
siente atacado en sus intereses. Es preferible que sea la ley de la oferta y la
demanda la que regule la situación, en vez de que sean las leyes estatales las
que se vean obligadas a hacerlo. Y es que los gobiernos no saben cómo hacer
frente a dos problemas en los que “a” es “a” pero se intentan buscar soluciones
diferentes para que al problema “a” que es “a” se resuelva por un lado “no a” y
por el otro, “sí a”.
Entendámonos “la falta de
agua” es “carencia de agua”. Pero “utilizar el agua de que se dispone para esto”
no es lo mismo que “utilizar el agua de que se dispone para eso”.
Por un lado hay que reducir el número de animales.
¿Será por eso que los cazadores americanos han matado cerca de trescientos osos
dos días después de haberse abierto la veda, por lo cual ha habido nuevamente
que cerrarla antes de lo previsto?
Por otro, China, el país de la armonía de los
contrarios, ha decidido apoyar el fracking, sistema que precisa de gran cantidad de agua, en el "país del bien y del mal y de los
Apocalipsis". ¿Por qué precisamente los chinos, que últimamente sospecho no
deben dar a basto para ocuparse de tantos interesados en sus inversiones, han decidido ocuparse del fracking americano?
La conclusión a este conflicto no podría ser más paradójica:
Los cubos empiezan a resultar insuficientes para hacer frente a las
innumerables vías de agua que presenta el Titanic-Mundo.
El espíritu duerme.
Yo sufro de cortocircuitos.
La bruja ciega.
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